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  • Rafael Alarcón Herrera

Santa Néomaye “Pata de Oca”… y tiro porque me toca. Extracto de "La erótica sagrada del románico".


Néomaye de Lerné (Indre-et-Loire), s.XV;. Ilustración de Patricia R. Muñoz.

Por el Bosque Oscuro, volando, sabias doncellas

vinieron del sur a regir las suertes;

descanso se dieron las mozas sureñas

a orillas del lago; hilaban buen lino.

La primera de ellas, hermosa muchacha,

a Égil tomó en sus claros brazos;

la segunda Svánhvit, con tplumas de oca;

allá la tercera, de ellas hermana,

el cuello abrazó de Vólund el blanco.


Edda Mayor, “El cantar de Vólund”.

Snorri Stúrluson (1220).


En diversas esculturas románicas aparece la pareja primigenia, tras su expulsión del Paraíso, portando sendos símbolos de aquella condena perpetua: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, Adán con una azada al hombro y Eva con el huso de hilar. En la misma postura de esta madre Eva encontramos otras esculturas, de una santa medieval bien singular.

Santa Néomaye, también conocida por numerosas variantes de dicho nombre según el lugar de la antigua Galia en que se la venere, no existió nunca más allá de la devota imaginación de sus fieles. Su leyenda, es el disfraz tras el que se esconde la devoción popular por una antigua druidesa celta.

No obstante, en su honor se levantaron numerosas capillas y muchos pueblos se disputan ser el escenario de su historia, sus milagros, y aún el emplazamiento de su tumba, siendo todavía objeto de profunda veneración y piadosas peregrinaciones.



Su hagiografía, formada entre los siglos V y XII, se mantiene prácticamente inamovible hasta el día de hoy, tan solo con pequeñas variaciones locales[1].

Hija de una noble familia galo-romana de Laudunum (hoy Loudun, Poitou), Néomaye, creció hasta convertirse en una hermosa joven muy solicitada por mozos casaderos. Como le tentaba más la vida contemplativa que el matrimonio, se retiró al campo para vivir sencillamente pastoreando los corderos y ocas de la hacienda familiar. No obstante, su belleza hizo que un lujurioso noble del lugar la asediara, con pretensiones nada virtuosas, obteniendo el lógico rechazo de la joven.

Un día, mientras regresaba de comprar unos gansos blancos, el despechado noble le salió al paso con nefandas intenciones y la joven, en su huida, hubo de cruzar un arroyo. Néomaye, viéndose perdida, solicitó a Dios la liberase definitivamente del importuno pretendiente aunque fuese a costa de su belleza. Y al remangarse el vestido hasta las rodillas, para vadear la corriente, descubrió que su pierna derecha, ahora cubierta de blanco plumaje, terminaba en pata de oca. En ese momento la alcanzó el deshonesto caballero, quien a la vista del prodigio huyó aterrorizado y difundió lo sucedido. El lugar donde aconteció el milagro, sito junto al dolmen conocido como la Pierre-leveé, fue nombrado desde ese día como “La piedra de pata de oca”.

Desde el momento de su ornitomorfosis en mujer-oca, Néomaye no paró de realizar milagros: con su cayado, hizo brotar una fuente para dar de beber al rebaño; cuando hilaba, a su rueca nunca le faltaba lana de la mejor calidad; en tiempos de sequía cubrió un prado de jugosa hierba, donde pastaron sus ocas y corderos; el agua de las fuentes que hizo manar era curativa, pues sanaba la epilepsia y especialmente diversas afecciones infantiles, además de ser buena contra la frigidez e infertilidad femenina, etc, etc.

Cuando murió, su tumba se convirtió en lugar de peregrinaje. Las gentes devotas, que iban a rogar su intercesión, llevaban el agua milagrosa y a cambio ofrecían candelas de cera y ocas. Las jóvenes que deseaban ser madres, dejaban clavados alfileres sobre el pie de oca que mostraba la estatua de la santa, para que Néomaye no olvidase sus peticiones. En diversos Libros de Horas, de los ss.XIV-XVI, se conservan oraciones devocionales y letanías a santa Néomaye, lo que demuestra que no se trataba solo de un culto popular, exclusivo de gentes rústicas, sino también de las clases altas hasta el punto de que muchas familias nobles, como los Baussay de Loudun, pretendían descender de la santa[2].

Muchas y variadas representaciones escultóricas antiguas, de esta particular “santa”, sobreviven aún en la vieja Galia a pesar de incontables destrucciones, conscientes o inconscientes. Es el caso de la de Sambin (Loir-et-Cher), s.XVI; de Lesigny-sur-Creuse (Vienne), s.XVII; de La Villedieu-du-Clain (Vienne), s.XVII; de Argenton-l’Eglise (Deux-Sèvres), s.XVII; o de Sossay (Vienne), s.XVII [figs. 44 a 47]. Todas del período barroco –salvo las de Lerné y Sambin–, porque aunque su culto estaba muy extendido en el s.XII, las imágenes medievales se han perdido[3].



La escultura más antigua que se conserva es la de santa Némoise, en Lerné (Indre-et-Loire), cerca de Chinon, de fines del siglo XV. Conocida como “la pastora de la pata de oca”, coloquialmente “sainte Mi-Oie”: santa Medio-Oca, representa el modelo prototipo de todas las demás que, con ligeras variantes, han llegado hasta nosotros. Los registros de la Cofradía de “Madame Sainte Nommoy” de Lerné, dicen sobre su imagen, en 1607, que se trata de “la reproducción de una obra antigua salida del pasado más lejano”, indicando que hubo una imagen preexistente de la santa. Realizada en madera policromada, representa a Néomaye con vestido carmesí, corpiño escotado, delantal blanco, y una especie de cofia sobre el cabello. Se encuentra en pie en actitud de hilar, con el copo en una mano y el huso en la otra. Su pie derecho, asoma bajo el vestido en forma de roja pata palmípeda [fig. 44]. Alrededor suyo, junto a sus pies, se agrupaban tres encantadoras ocas[4].

A mediados del siglo XVIII parece que las intrigas del clero barroco han triunfado, haciendo desaparecer la mayoría de imágenes medievales de Néomaye, la druidesa reconvertida en “santa Medio-Oca”. Sin embargo, todavía hay quien se atreve a representar al personaje con su atributo más característico, el pie palmeado.


El templo de san Jorge, en Louestault (Indre-et-Loire), originalmente del siglo XI y transformado en el XV, conserva un enigmático cuadro de la que allí llaman santa Néomadie, fechado en 1755, encargado por un desconocido comitente al pintor Johannes Desvergnes. Ilustración de Patricia R. Muñoz.

El templo de san Jorge, en Louestault (Indre-et-Loire), originalmente del siglo XI y transformado en el XV, conserva un enigmático cuadro de la que allí llaman santa Néomadie, fechado en 1755, encargado por un desconocido comitente al pintor Johannes Desvergnes[5]. En él nuestra santa aparece en la actitud del oferente como las antiguas sacerdotisas, los brazos extendidos, levemente separados del cuerpo, con las manos de palmas abiertas hacia el espectador. La cabeza, nimbada, se inclina hacia su derecha, mientras los ojos se vuelven hacia arriba dando al rostro el aspecto de quien está sumido en una visión extática. Su pie derecho asoma entre la sandalia, mientras el izquierdo ha sido sustituido por una gran pata de oca. Viste ropas de extraño aspecto orientalizante y ciñe su túnica con un rico cinturón, del que pende un broche en forma de estrella de ocho puntas. Tras ella un fondo de arquitectura clásica, a base de columnas y pilastras. Bajo sus dispares pies, un suelo ajedrezado de baldosas blancas y negras. Más que una santa, diríase que nos encontramos ante una druidesa, o una sibila, concentrada en su visión profética…



NOTAS

Importante: * En el texto original las notas poseen una numeración diferente a la de este extracto.

[1] Algunos escritores antiguos la incluyen entre las cinco vírgenes discípulas de san Hilario de Poitiers: Florence, Abre, Verge, Néomaye y Triaise. “Histoire ecclésiastique du Poitou”, en Mémoires de la Societé des Antiquaires de l’Ouest, Poitiers 1873, tomo XXXVII, pp.420-436. Paul Guérin, Les Petits Bollandistes. Vies des saints, París 1876, tomo XVII, pp.447-448. Michel Puzelat, Sainte Nemoise: la sainte aux pieds palmés. VV.AA. “Sainte Néomaye”, en revista Le Picton, nº 109, Poitiers, Enero-Febrero 1995. Bernadette Wirtz-Daviau, “Les Rochechouart et le culte de sainte Néomaye à Aspremont”, en Annuaire de la Société d’Emulation de la Vendée, 1956, pp.93-97.

[2] Libro de Horas, en latín y francés, París 1465, ff.34v y 231; Libro de Horas, París 1505, ff.85 a 91v; Misal de Poitiers, 1543. Su etimología es diversa, destaca la que propone un origen en Maia-Maya: diosa de la fecundidad y la primavera. Néomaye = Neo Maia = la Nueva Maia. O lo que es igual, “la nueva mujer” regenerada por el bautismo, las viejas creencias purificadas por las nuevas. Recordemos su semejanza con el caso de la ninfa Dafne, que perseguida por Apolo invocó a la Madre Tierra, quien la transformó en un árbol, el laurel, sacrificando su belleza para escapar del enamorado acosador. Doreau Claudine, “Sainte Néomaye ou la Nouvelle Maya”, Bulletin de la Société scientifique de Châtellerault, 1991, n° 46, p. 31-35. Se atribuyen su cuna lugares como Mouterre-Silly (Vienne), Lerné (Indre-et-Loire), Neuville-de-Poitou (Vienne), La Mothe Chandenier (Poitou), Beauçay, etc. Aunque el lugar más relacionado con la santa, es el pueblo de Sainte-Néomaye (Poitou, Vienne), donde dicen que transcurrió su vida y estaba su tumba. Sabemos que tal parroquia existía ya en 1210, cuando estaba en manos de Hugues VII de Beauçay. Su festividad, tampoco responde a fecha fija, por ejemplo se la celebra el 14 de enero en Sainte-Néomaye, el 14 de mayo en Sambin y Lesigny-sur-Creuse, el 28 de julio en Lerné, etc. Por lo mismo la grafía de su nombre es infinita, y se relaciona con los dialectos locales: Énimie, Ennemoye, Léomaye, Lhommaye, Némoire, Némoise, Neomad, Néomadie, Neomagus, Néomaie, Neomaille, Néomaye, Néomée, Neomisia, Neommoye, Néomois, Néomoise, Neosmadia, Neosnadia, Nomadie, Nomaille, Nomèze, Nommoy, Nomois, Nosmoise, Noumèze, Noumois, Onomaye, Tremoie, Tremoy, Trémoye, etc.

[3] Algunos autores han creído ver, sobre un capitel del templo románico de Vézieres en Loudunais, la imagen de santa Néomaye milagrosamente sustraída a su rijoso perseguidor, aunque tal interpretación es controvertida. Fournier Renée, “Deux chapiteaux romans: Sainte Néomaye, la gens Maxima”, en Bulletin de la Société d'études folkloriques du Centre-Ouest, t-10, 1976, p.278.

[4] Jacques Xavier Carré de Busserolle, Dictionnaire géographique, historique et biographique, Tomo VII, París 1879, la nombra “sainte Mévoise” o “Mi-Oie”. Clasificada entre los “monumentos históricos” desde 1943, la escultura fue restaurada en 1989 y robada en mayo de 2007, hoy continúa en paradero desconocido. La imagen de Montsoreau, (Maine-et-Loire), cerca de Tours, fue vendida clandestinamente, antes de la guerra de 1870, a un anticuario de Angers. En Montsoreau y Sossay (Vienne), Néomaye era representada, también, como pastora de ocas, y con el pie derecho de ave. El modelo evolucionó, con intenciones “purificadoras”, y en esculturas, cuadros, o vidrieras, de siglos posteriores, la santa “abandona” sus ocas y solamente aparece rodeada de inocentes corderos. Entre las numerosas esculturas de santa Néomaye, a las que todavía hoy se rinde culto en Francia, solamente quedan dos –si descontamos la que fue robada en Lerné– que muestren su singular pata de oca: la de Sambin (Loir-et-Cher), s.XVI, y la de Sossay (Vienne), s.XVII. La de Lésigny-sur-Creuse (Vienne), s.XVII, debido a presiones del clero ha sido retocada hasta eliminar su pie de ave. Por lo mismo, en las representaciones más modernas, a partir de los ss.XVIII-XIX, su pata de oca se ha transformado en un pie normal, por ejemplo las Néomaye de Neuville-de-Poitou (Vienne), de Sainte-Néomaye (Deux-Sèvres), o de Thuré (Vienne). A cambio algunas de éstas la muestran con corona, como la Néomadie del s.XIX de Louestault, lo que las asemeja a la reina de Saba de las portadas medievales. A.-D. de Chavigny, “Sur la Sainte Némoise de Lerné”, en Bulletin des amis du vieux Chinon, t-IV, nº 6, 1941, pp.264-278, cita documentación de 1714 sobre el culto a Néomaye en Vouzailles (Vienne).

[5] El pintor, que a veces firma con la variante “Desvergnhes”, es autor también de La Multiplicación de los panes, 1744, en Parçay-Meslay; La presentación de la Virgen en el Templo, 1744, en la Catedral de Tours; la Resurrección, 1754, en Villiers-au-Bouin; la Anunciación, 1755, en Louestault; o Saint-Gatin y Saint-Martín, 1764, en Saint-Ours de Loches. Guy du Chazaud, Découverte du milieu artistique tourangeau. Autour d’un peintre méconnu: Joannes Desvergnhes, pp.245-255.


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