AVISO IMPORTANTE.
Debido a dificultades técnicas, la opción de compra directa se encuentra deshabilitada. Si tiene interés en adquirir alguno de los libros escriba a totum@totumrevolutum.org y le responderemos con los detalles para realizar el pedido.
Gracias y por favor, disculpe las molestias.

blogumrevolutum.png
  • Rafael Alarcón Herrera

¿Románico romano... o romano románico?


Ermita del Santo Cristo, en Coruña del Conde (Burgos), ss.XI-XII. Sobre un elevado cerro en las afueras de Coruña del Conde, dominando por encima del feudal castillo, se alza un curioso templo que no sabemos si denominar "románico" o "romano". Se trata de un curioso ejemplar, híbrido en muchos sentidos, de la arquitectura medieval. Su ábside recto, es un arcaísmo prerrománico, del s.XI, como en los casos de Santa María, en Condado de Valdivielso, y la ermita de Santa María del Campo, en Carrias, todos en tierras burgalesas.

Ermita, muro norte del ábside, capitel corintio romano. La nave de esta ermita, no obstante, se levantó en el s.XII, seguramente por ruina de la anterior estructura. Ella y su portada, son ya plenamente románicas. Pero no surge de esta diferencia, puramente estructural, nuestro titubeo inicial, entre "románico" o "romano". Cuando los arqueólogos del siglo XIX -"anticuarios" les decían entonces-, decidieron denominar "románico" al estilo artístico del medievo inicial, lo hicieron basándose en el hecho de que, tal estilo, se dio en los países cuyos idiomas tenían lenguas "romances", es decir, derivadas del latín hablado por el Imperio Romano.

Ermita, muro este de la nave, Sileno con palmera. Sin embargo, en el caso de esta ermita burgalesa, debemos admitir que el nombre "románico" no le cuadraría mal, incluso, si se lo adjudicáramos como presunta derivación de la tradición constructiva y escultórica de los romanos que colonizaron, también culturalmente, aquella Hispania celtibérica. A poco que no fijemos un poco en sus muros, notaremos que allí hay cosas que no encajan. Por doquier, aparecen parte de sillares tallados con extrañas figuras, unas al derecho, otras invertidas, trozos trajabados que se nota bien claro que proceden de otra estructura, de otro edificio que, evidentemente, no es románico, mozárabe, ni visigodo...

Ermita, muro sur del ábside, rostro con guirnalda. Aquel capitel corintio, esa placa con Sileno que lleva entre sus manos una palmera, la florida guirnalda que enmarca un rostro clásico, la crátera de donde brotan tallos y flores, los trozos de pilastras estriadas, los acanalados tambores de columnas, los pedazos de cornisa vegetal, y esos fragmentos de lápidas funerarias con parte de sus epitafios... ¡escritas en latín clásico! Todo denota, que en esos muros medievales se han integrado numerosos restos de algún edificio romano, o de varios. ¿Estamos ante un misterio sin respuesta, o una broma del magister cantero que labró este templo?

Ermita, muro sur del ábside, cratera con vegetales y flores. Ni misterio ignoto, ni broma de oficio. La respuesta es bien sencilla, y está muy cerca. A caballo entre Burgos y Soria, en la orilla izquierda del río Arandilla, el Cerro del Cuerno guarda las ruinas del primitivo asentamiento celtíbero de Kolonioukou. Cuando el castro creció, su expansión se orientó a ocupar, justo enfrente, la extensa meseta del Alto del Castro, abrazada por la ribera derecha del río Arandilla, afluente del cercano Duero, tomando la ciudad el nombre de Cluniaco. Allí están, todavía, las ruinas de esa capital de los arévacos, la tribu celtíbera más poderosa del centro peninsular.

Ermita, portada sur, jamba con fragmento de pilastra estriada. Conquistada por los romanos, Tiberio (41 a.C.-37 d.C.) la hizo municipium, con derecho para acuñar moneda. En ella residía el gobernador de la Hispania Citerior, el general Servio Sulpicio Galba (68-69), quien al mando de la legión VI Victrix, compuesta por romanos y arévacos, se rebeló contra Nerón autoproclamándose emperador. En agradecimiento, por su apoyo, Galba otorgó al municipio el rango de colonia, con el nombre de Clunia Sulpicia.

Ermita, muro sur del ábside, fragmento de lápida funeraria. Situada en la vía que desde Tarraco, pasando por Cesaraugusta, unía con Astúrica Augusta, fue una de las más grandes e importantes de la Hispania romana, pues, como capital del convento jurídico Conventus Cluniensis, en la provincia Hispania Citerior Tarraconensis, ejercía su jurisdicción sobre várdulos, pelendones, turmódigos, velienses, autrigones, numantinos, arévacos y vacceos. La ciudad llegó a tener cerca de cincuenta mil habitantes, asentados sobre unas 130 hectáreas, estando ricamente equipada con edificios administrativos y servicios públicos.

Ermita, muro este del ábside, fragmento de lápida funeraria. Su esplendor se extendió hasta finales del s.III, cuando fue asaltada por los invasores franco-alamanes, lo que inició su lenta decadencia. A pesar de todo, continuó habitada tras la conquista visigoda, con un moderado florecimiento en el s.V, llegando a pervivir hasta que, en 713, fue arrasada por los musulmanes de Tariq ibn Ziyad. Cuando los castellanos reconquistan y repueblan la zona, a partir del 912, ya no se instalarán en la meseta cubierta de ruinas, sino a sus pies, fundando la población que hoy conocemos como Coruña del Conde. Posteriormente, la villa cedió la meseta y las ruinas de Clunia al vecino pueblo de Peñalba de Castro, a cambio de ciertos derechos de abastecimiento de agua.

Ermita, muro sur, basa de columna con encastre para espigon metálico de unión. Desde el medievo, las inmensas ruinas de Clunia Sulpicia Galba han servido de cantera para los pueblos de su entorno. Los castillos de Coruña del Conde y Peñaranda de Duero, están enteramente construidos con sillares y restos ornamentales romanos, los palacios nobles, o las casas y granjas de los villanos, se alzaron igualmente con los despojos de Clunia. Los clérigos hicieron lo propio, y levantaron los templos del nuevo dios con las piedras de los templos de aquellos viejos dioses de Roma.

Ermita, alero sur, fragmento de cornisa romana en función de ménsula. Pero la ciudad era tan grande que, cuando en 1788 Juan Loperráez publicó un plano de sus ruinas, todavía se apreciaba el trazado de calles, plazas, muros, columnas, las termas, el teatro, y restos de murallas. A pesar de tantos siglos de expolio, en el siglo XVIII todavía era un conjunto monumental impresionante, repleto de tesoros. No obstante el reconocimiento de su valor histórico, por los intelectuales ilustrados, el saqueo persistió hasta 1931, cuando los arqueólogos dejaron de manifiesto la relevancia del yacimiento y se decidió, por fin, la conservación. ¡A buenas horas!

Ermita, alero sur, "espadaña" con sillares romanos y tambores estriados de columnas. Clunia es hoy es un yacimiento arqueológico de pimer orden, perfectamente organizado para su visita, que cuenta con un pequeño museo, y donde se realizan periódicas campañas de excavación que, aunque parezca increíble, continúan haciendo aflorer pequeños tesoros. No obstante, el amplio foro con efigies de sus mandatarios, las basílicas repletas de esculturas nobiliarias, el teatro para diez mil espectadores, las mansiones de bellos mosaicos, el mercado porticado con sus tabernae, las lujosas termas, los templos de broncíneas divinidades, las preciosistas estelas funerarias, hoy son tan sólo una niebla deshilachada, cuyos jirones se desparraman por cada edificación de la comarca circundante. Contemplando esta desolación, no podemos menos que recordar aquel refrán latino: "Leonem mortuum etiam catuli morsicant", que en román paladino significa: "Al león muerto incluso los cachorros lo mordisquean..." Salud y fraternidad.

--------

© 2011. Rafael Alarcón Herrera,

Todos los derechos reservados.

97 visualizaciones