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RAFAEL ALARCÓN: “Es muy importante ver la simbología como se veía en el medievo"

Actualizado: 21 jul


Por Rubén Marino Navalmoral. Es “La erótica sagrada del románico” un viaje largo y sinuoso que entre sus líneas y dibujos recoge las representaciones eróticas presentes en el románico español y europeo, aportando una nueva hipótesis de trabajo que desde una perspectiva novedosa y original pretende aclarar las brumas que aun hoy rodean a las misteriosas figuras eróticas y sexuales que pueblan ermitas y templos de toda la geografía europea.

Más allá de las letras y los trazos quedan las vivencias, los momentos, las gentes y los lugares que han formado parte de esta travesía que comenzara por casualidad un luminoso día de 1973 en de Santillana del Mar y que haciendo camino y capeando años, lustros y décadas, arriba un día de septiembre de 2020 a Madrid, donde Rafael Alarcón Herrera, confinado en su piso al sur del Foro junto a su inseparable compañera Mayca, y en conversación telemática, nos cuenta cómo, cuándo, con quién y por qué decidió hace cincuenta años embarcarse en esta travesía.


Pregunta: Rafael, ¿recuerdas dónde comienza este viaje?

Respuesta. Rafael Alarcón Herrera: Desde luego. Fue en la Colegiata románica de Santillana del Mar (Cantabria). El 21 de junio de 1973, al descubrir unas imágenes que, razonando un poco, no debían estar donde estaban. ¿Figuras eróticas en los templos medievales? ¿Una extravagancia religiosa? ¿Aquellos clérigos estaban locos? ¿Los fieles admitían tal desenfreno, sin más?

Rafael Alarcón en sus inicios en San-Juan Castrojeriz-(Burgos)-09-08-74

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Poco a poco, la simple curiosidad derivó hacia la curiosidad científica. Comenzamos a buscar tales figuras, por templos grandes y pequeños, a escarbar en la escasísima bibliografía, antigua y moderna, amontonando materiales que más tarde ordenamos para encajar en su sitio.


P: Casi cincuenta años. Habrán pasado muchas cosas. ¿Qué ocurre tras Santillana del Mar?

R: Desde 1970 a 2020, Cinco décadas. Empezamos con 20 años y ya vamos por 70 abriles y tantos otoños. Tan dilatado espacio temporal responde al ritmo del estudio, supeditado a nuestro devenir vital. Primero, abordándolo con lentitud, que fue acelerándose conforme íbamos profundizando en el trabajo. Comenzamos a viajar, a investigar, a recoger muestras, apuntes, fotografías y a zambullirnos en la rarísima bibliografía existente.


P: Viajes y libros… ¿A dónde le ha llevado esta pasión?

R: Hemos visitado España al completo. Portugal, casi al completo. Francia, unas dos terceras partes. El resto de países europeos mediante bibliografía sobre arte románico. Recorrimos, capitales, grandes ciudades, pueblos pequeños y grandes, aldeas, caseríos, y despoblados.

“Yo a los palacios subí y a las cabañas bajé…” Obécuri (Treviño, Burgos)

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Estuvimos en unos tres mil templos, así dicho a ojo, desde grandes catedrales, monasterios, y parroquias, hasta ermitas. Aunque no todos ellos contenían material aprovechable, ya fuese por ruina, deterioro, o reconstrucciones. Aproximadamente dos terceras partes resultaron interesantes para el desarrollo de “La erótica sagrada del románico”.


P: Entiendo que su resultado son imágenes, apuntes, dudas, vivencias…

R: Y tanto que sí. Entre diapositivas y fotos digitales reunimos unos siete mil canecillos, con imágenes de conjunto y figuras particulares. Numerosos borradores míos –sonríe- en cuadernos de campo, como soporte genérico del conjunto a desarrollar. El resultado total han sido 875 dibujos finales, obra de Patricia Rodríguez Muñoz, incluidos en el texto que hoy tratamos de publicar.


P. Y del trabajo de campo a la mesa de estudio…

R: Ha sido como arar un campo que estaba sin cultivar, y además lleno de malas hierbas. Creo que en la erótica del románico es muy importante la simbología, tal como se veía en el medievo, no en nuestros días. Y esa simbología consta de varias facetas, a veces contradictorias entre sí. Por lo que no se puede escoger una, la que más nos convenga, y dejar de lado las demás.

Una investigación histórica, pero con giros detectivescos, siguiendo pistas, reuniendo pruebas, interrogando “testigos” y posibles “culpables”, comparando, descartando, hasta que el tema se fue abriendo camino, evolucionando hacia su fin. Un fin que no es definitivo, sino una hipótesis de trabajo que otros podrán continuar desarrollando en el futuro.


Patricia en plena faena


P: ¿Y cuál es esa hipótesis?

R: (Risas) Bueno, en el libro viene todo muy bien explicado. Si te lo cuento aquí, nos quedamos sin suspense. Esto es casi como una “novela negra”, con sus buenos que no son tan buenos, y sus malos que tienen una pizca de bondad, con giros inesperados y sorpresas que se veían venir. Participa en el crowdfunding y lo sabrás.


P: Danos alguna pista...

R: En fin, te puedo adelantar que se trata de la elaboración de una nueva hipótesis de trabajo, sobre una teoría completamente original, comparándola con las otras teorías existentes, de las que pretende resultar una alternativa complementaria. Sin ser un trabajo dogmático, “La erótica sagrada del románico” señala un nuevo campo de estudio para desentrañar tema tan complejo.


P: ¿Solo para entendidos?

R: En absoluto. Es un ensayo divulgativo, que mezcla amenidad con erudición, el discurso coloquial con el académico, accesible al lector medio tanto como al erudito, además con numerosas notas a pie de página que aclaran y orientan sobre el texto, sugiriendo bibliografía complementaria.

No siempre se pueden obtener fotos, por diversos motivos y condicionantes, humanos, climáticos, legales, etc. Por ello, los “cuadernos de campo” son imprescindibles. En estos el autor esboza dibujos y notas de las figuras que interesan, procurando detallar al máximo los elementos que se desean destacar. Arriba, bocetos de Rafael Alarcón en sus cuadernos de viaje. Abajo, estudios de Patricia R. Muñoz sobre varios canecillos.

P: Y con los espléndidos dibujos de Patricia…

R: Sí, desde luego. El libro analiza en profundidad y casi en “totalidad” el románico erótico. No puede entenderse sin ver las ilustraciones. Los dibujos fueron determinantes desde el principio. Yo he invertido cincuenta años en la hipótesis y Patricia diez en los dibujos. Excelente profesional, peleona, rebelde y magnífica amiga, pues junto a la piedra y sobre el papel luchamos a brazo partido con los canecillos intentando descifrar sus estropeadas imágenes, en muchas ocasiones visitando de forma conjunta determinados templos para contrastar ideas sobre la forma de plasmar en el papel ciertas figuras que planteaban dudas. O para descartarlas si no llegábamos a una definición clara


Los dibujos no son invenciones de la ilustradora, ni fantasías alentadas por el autor. Cada pieza ha sido estudiada de la realidad, comparada, analizada de manera exhaustiva.


Patricia tomando apuntes en 04953-Sant-Joan-les-Fonts-(Girona)-05-07-2010

P: Tanto trabajo, tantos años. Habrá sido fértil en vivencias, emociones, encuentros.

R: Serían numerosas las personas a citar, empezando por los amigos, y los compañeros de viajes, y los dueños de albergues, posadas, habitantes de pueblitos y rincones. Y recuerdo muy especialmente a quienes se encargan de guardar las llaves de los templos rurales, en general mujeres y hombres de avanzada edad, quienes a su vez custodian historias, tradiciones, y leyendas, transmitidas de generación en generación. Sus noticias y explicaciones, nos han sido tan valiosas como los viejos manuscritos de los archivos. Igualmente tanto y tanto párroco rural, sin cuya amabilidad nos habría sido imposible explorar el interior de muchos templos y ermitas.

La “Cofradía Románica” del autor, bajo el signo de la “Pata de Oca”. Puente la Reina (Navarra). 2010.

P: ¿Y caminos y lugares donde llegar, estar, pernoctar?

R: Imposible de calcular. Cientos de lugares. Empezamos instalando la tienda de campaña en cualquier lugar, si no había un camping a mano, lo mismo a las puertas de un templo, que en las tapias de un cementerio, en las ruinas de un castillo, o en un prado en que pastaban vacas. En otras ocasiones pernoctábamos en hostales, pensiones de viajantes, o casas particulares que alquilaban habitaciones. Más adelante en hoteles económicos, y últimamente en casas rurales.


P: Por carretera, supongo.

R: Evidentemente. Y a veces sin ella. (Risas) por caminos y trochas casi intransitables, con perjuicio del vehículo, intentando llegar a algún lugar remoto. El mayor gasto, sin lugar a dudas, en gasolina, combustible capaz de devorar todos los presupuestos.


P: ¿Y los coches?

R: Aunque al principio viajamos en auto-estop y transporte público, si lo había, luego hemos “gastado” seis coches, con regular fortuna. Desde el primero, un Volkswagen “Escarabajo”, verde, comprado de “cuarta mano”, que a pesar de todo nos dio un excelente servicio para viajar por España, Francia y Portugal, hasta un Citroën Xara Picasso, pasando por un, Citroën Diane, azul, “descapotable”, y otros varios. “Flota” con la que vivimos toda clase de peripecias.