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  • Rafael Alarcón Herrera

Lumias románicas, con patas de oca....


17.969 Lumías (Soria) 31-10-2008


“¡Si tuvieras un rato para adentrarte andando por el valle angosto del río Talegones, hasta Lumías! Cuando estuve en abril había ruiseñores en la fronda de los huertos, por el molino viejo. Hay una iglesuela tan bien malhecha que parece perfecta. Y las casas de adobe y piedra, se cobijan contra el tajo abrupto de las rocas cortadas a pico que coronan racimos de nidos de golondrina y palomares en salientes y agujeros. Protegido del regañón y del cierzo, por el estrecho, el río manso apenas mueve al pasar las mimbres y los berros. Aquí saben aun los viejos las más primitivas rondas de Castilla...”(Avelino Hernández “Donde la Vieja Castilla se acaba”, 1982)..Enclavado en la Hoz del río Talegones, en las estribaciones de la Sierra de Pela, se encuentra el pueblo soriano de Lumías. Numerosos elementos del entorno: topónimos, megalitos, tainas, castros, tradiciones, nos dicen que estamos en tierra de arévacos, celtíberos que tanto dieron que hacer a Roma y luego a Almanzor.



17.969 Lumías (Soria) 31-10-2008

Su templo, es obra del s.XIII elevado sobre uno anterior, aunque muy transformado en el XVI. Pero aquí, lo verdaderamente interesante, es lo que no se ve pero se conserva en la memoria. Porque se trata de restos culturales de la Religión Antigua, camuflados entre la mitología de la nueva fe. Las sacerdotisas y sacerdotes celtíberos, fueron transformados en brujas y brujos, sus santuarios en lugares de aquelarre, y sus divinidades en seres diabólicos, pero no fueron olvidados. Recordemos que estamos a dos pasos de la gran ciudad arévaca de Termancia, y a otros dos del enclave brujeril de Barahona..Estos mitos vienen de bien antiguo y eran perfectamente conocidos por los habitantes medievales, que en el siglo XII los nombran con total naturalidad, como sabidos por todos, hasta el punto de que uno de ellos figura en el Cantar del Mío Cid. La narración cuenta, cómo la hueste del mercenario Rodrigo Díaz de Vivar transitaba por la Calzada de Quinea, que viene de Osma y va hacia Sigüenza:

.“Assiniestro dexan Agriza que Álamos pobló. Allí son los cannos do a Elpha encerró”.

17.969 Lumías (Soria) 31-10-2008


En trascripción moderna: “A izquierda dejan Agriza que Álamos pobló. Allí están los túneles donde a Elfa encerró”. El autor del Cantar se refiere a un pueblo de esta zona soriana, hoy desaparecido, que sitúa como escenario de una mítica gesta de Hércules, a quien cita por su sobrenombre de “Álamos” a causa del árbol que le estaba consagrado, el cual hizo desaparecer bajo tierra a una lamia llamada Elfa. Da igual el lugar concreto, lo importante es que en Castilla pervivían creencias y mitos de las antiguas divinidades celtíberas, que el autor del Cantar empleó en un contexto culto, acorde con el “Renacimiento clásico” que tenía lugar en la Europa del s.XII, asimilando el mito a una hazaña de Hércules cuando, en la tradición popular, se trataba de algo más cercano..En la religión de los pueblos célticos, existen unos espíritus o ninfas de las aguas dulces, cuya apariencia física aúna caracteres humanos y animales: jóvenes de gran belleza, tienen pies de oca, o gallina, o como colas de serpientes, o de pescados. Son de carácter ambivalente, como el elemento en el que viven, cuya naturaleza mágica es creadora y destructora a un tiempo. De igual modo, los nombres por los que son conocidos, en ocasiones prestados de religiones posteriores: Korrigans, en Britania; Melusinas, en la Galia; Xanas, en Asturias; Janas, en León; Mozas de Agua, en Cantabria; Dones d’Aigua, en Cataluña; Lamiñak, en Euskadi; Lainas, en Aragón; Lumias, en Galicia; Lamias, en Castilla; etc., no son siempre exclusivos de una región, y pueden aparecer en otras con cierta frecuencia.


Quien primero nos ilustró, sobre el origen mágico del topónimo Lumías (Soria), fue el erudito sacerdote del Burgo de Osma, don Francisco Palacios, un verano ya lejano de 1981. Dos veranos más tarde, nos confirmó sus datos don Doroteo García Yagüe, el culto guarda jurado de la cercana ciudad arévaco-romana de Termancia-Tiermes. En esencia, salvando los recursos narrativos, ambos atribuyeron el topónimo Lumías, a la presencia de estos seres míticos en la Hoz del río Talegones, según la leyenda que, cada uno por separado, habían recogido de los ancianos del lugar.


“Marchando por el monte con su rebaño, un pastor sorprendió cierta lamia, la cual acicalaba sus cabellos con peine de oro, junto a una fuente, en la entrada de su cueva. Aquella lamia era tan hermosa, que el mozo quedó prendado. Sin pensarlo dos veces la requirió de amores, y aunque ella se hacía de rogar no se desanimó. Cada vez que pasaba por la cueva, volvía a proponerle matrimonio. Ante tanta insistencia, la lamia, consintió aceptarlo por esposo, pero tan sólo si el mozo conseguía averiguar, a la primera, cuantos años tenía ella.

El pastor regresó a la majada, muy abatido, pues encontraba imposible solucionar tal enigma. Cuando sus compadres lo vieron tan cabizbajo, le aconsejaron consultar a cierta vecina del cercano Barahona, afamada de bruja. Porque aquella era una boda ventajosa, ya que la lamia custodiaba un fabuloso tesoro, entre otras cosas un cordero de oro, y una gallina de lo mismo con sus polluelos. Ni corto ni perezoso, se confió el mozo con la de Barahona, quien a cambio de siete ovejas rollizas se ofreció para resolver el caso..


A los tres días se encaminó la bruja para la cueva, se colocó en su entrada, levantó sus sayas y retorció el cuerpo con tal arte que asomaba la cara entre las nalgas, al tiempo que enseñaba su sexo desnudo. Así puesta, llamó con voces estridentes, acudió la lamia al escándalo y, estremecida de asombro por lo que veía, exclamó: -¡Que horror! En mis ciento veinte años, nunca he visto algo tan espantoso. La bruja, salió volando para entregar al pastor la solución del enigma y cobrar su paga. Al enamorado mozo le faltó tiempo para presentarse en la cueva, al día siguiente, y responder el enigma de la lamia:

-Puedo decirle que, ni más ni menos, acaba de cumplir ciento veinte años cabales.Al encanto no le quedó más remedio que cumplir su promesa, aunque puso la condición de que él jamás debería mirarle los pies. Fue el pastor a pedir el consentimiento de los padres, más al saber su abuela la noticia, le advirtió que, sin hacer caso de condiciones, procurase averiguar como eran aquellos pies que su amada lamia pretendía ocultarle. Acudió el mozo a la cueva, regularmente, como si fuese de cortejo y, al cabo de varias visitas, pudo espiar de reojo los pies de la dama. ¡Eran igualitos que patas de ocas! Pero, puso tal cara de asombro, que la lamia se dio cuenta. Una vez descubierto su secreto, ella desapareció por ensalmo, junto con la cueva y solo dejó la fuente. El pastor quedó tan triste, por sus burlados amores, que enfermó de melancolía y a las pocas semanas murió sentado al borde de la fuente, sin dejar de soñar con su amada lamia”.

San Martín Dumiense ya decía de los celtas hispanos, en el siglo VI: “En el mar invocan a Neptuno, en los ríos a las Lamias, en los bosques a Diana, que son todos demonios malignos...” Demonios que, huyendo de la nueva fe, se convirtieron en leyenda. Una leyenda que corría libremente por estos contornos, allá por el siglo XII, cuando el anónimo autor del Cantar del Mío Cid, incluyó en su relato, como dato orientador al parecer conocido de todos, el mito del héroe que hizo desaparecer bajo tierra una peligrosa Lamia... Una leyenda, con la cual, hemos doblado otro recodo del laberinto románico. . [Dedicado a mi particular "bandada de ocas"...] . Salud y fraternidad.

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