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  • Rafael Alarcón Herrera

Los Templarios y el Arca de la Alianza


Benjamin West - Josué pasando el Jordán con el Arca de la alianza
Benjamin West - Josué pasando el Jordán con el Arca de la alianza

Entre 1195 y 1210, el trovador templario Wolfram von Eschenbach escribió los enigmáticos poemas épicos Parzival y Titurel. Se trata de dos obras referidas a la leyenda del Grial, pero también de algo más, porque muestran mediante símbolos los fines esotéricos de la Orden del Temple: su idea de un Reino de Dios en la tierra o Imperio Universal Teocrático, con capital en la Jerusalén Celeste, cuya manifestación física o Lugar Central sería Jerusalén de Palestina; su idea del Templo del Grial, representado en sus iglesias poligonales a semejanza del santuario de la Cúpula de la Roca de Jerusalén, levantado sobre el templo salomónico; su idea de la Piedra Sagrada Celeste, simbolizada en esa Piedra Grial de la que los caballeros se erigían en Custodios Espirituales; su idea del Rey-Sacerdote, personalizado en ese mítico Preste Juan heredero del bíblico Melquisedec, con autoridad para imponer a los pueblos de la tierra reyes salidos de las filas templarias; y su idea del Objeto Sagrado Divino, del que obtenían su autoridad espiritual, simbolizado en el Arca de la Alianza.

Según Wolfram, en España se alzaba el castillo de Munsalvaesche de los Templarios, que contenía el Templo del Grial dispuesto como el palacio que el Preste Juan había levantado en las Indias por orden del Cielo. Un Gran Maestre de la Orden y doce caballeros Templarios custodiaban el Arca del Grial. “Y el Templo del Grial semejaba la forma radiante del octógono...” porque lo había construido el mago Merlín, a quien José de Arimatea dio los planos del Templo de Salomón salidos de la mano de Dios. ¿Pero acaso el Templo de Salomón era octogonal, para servir de modelo al Templo del Grial? En la Edad Media si.




Cuando la Orden del Temple nace en Jerusalén, en 1118, instala su Casa Central en las ruinas del Templo de Salomón y transforma en Iglesia Madre el santuario octogonal musulmán de la Cúpula de la Roca. Este santuario esta edificado sobre la piedra sagrada, la roca shethiyâh sobre la cual Salomón colocó el Arca de la Alianza, conteniendo los betilos sagrados; roca que simbólicamente está situada en el Centro del Mundo y sobre la que gravita su eje. Sólo dos grupos medievales hunden sus raíces en el simbolismo del Templo de Salomón: los Compañeros Constructores, que dicen descender de los arquitectos que levantaron el Templo, y los caballeros templarios, que tomaron el nombre de Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón. Pero al erigirse en custodios del Templo bíblico, los templarios, se estaban asimilando a los levitas, sacerdotes custodios del Templo y del Arca de la Alianza de Dios según el orden de Melquisedec.

Una cosa está clara, para legitimar su autoproclamada elección como Hermandad de Elegidos delegados del Poder Supremo para administrar el Imperio Universal, los templarios debían presentarse como poseedores de unos símbolos que les acreditasen para el ejercicio de tal autoridad. El primero de ellos era la ciudad de Jerusalén, centro espiritual del universo. El segundo, el Templo de Salomón, eje sideral alrededor del cual gira la rueda cósmica y se manifiesta la divinidad. El tercero, los objetos sagrados del Templo que transmiten el Poder de la Divinidad: el Arca de la Alianza y su contenido. Surge así otro enigma, y no de los menores, sobre el simbolismo esotérico del Temple. Puesto que poseyeron el emplazamiento físico del Templo, como símbolo del Oculto Lugar Central, y el santuario octogonal de la Cúpula de la Roca, como símbolo del Templo Ideal del Espíritu: ¿llegaron a poseer la Piedra-Grial guardada dentro de un Arca, como símbolo de la autoridad espiritual que decían detentar, tal como narra la leyenda del Grial? Según el relato esotérico del trovador Wolfram, los templarios obtuvieron ser custodios de dicho Objeto de Poder: “Hay una piedra que flota dentro de un arca preciosa en Munsalvaesche de los Templarios, sobre el monte Onyx. Y esta piedra se llama Grial. Ante dicha arca Parzival recibe la iniciación griálica y conoce los misterios de la Piedra de Luz que flota dentro del Arca Sobrenatural“.



Melquisedec, el misterioso rey-sacerdote del que desciende el Preste Juan en cuya autoridad se basaban los Templarios para ser custodios del Arca de la Alianza. Imagen: El Rey Melquisedec entrega los símbolos de la futura expiación de Jesucristo al profeta Abraham. Óleo de Juan Antonio de Frías y Escalante
Melquisedec, el misterioso rey-sacerdote del que desciende el Preste Juan en cuya autoridad se basaban los Templarios para ser custodios del Arca de la Alianza. Imagen: El Rey Melquisedec entrega los símbolos de la futura expiación de Jesucristo al profeta Abraham. Óleo de Juan Antonio de Frías y Escalante.

Pero ¿existió realmente un Arca Sagrada con una Piedra Celeste en su interior, conservada en un Templo Octogonal sobre un Monte Sagrado? Cuenta la Biblia que Dios ordenó a Moisés construir un cofre llamado Arca de la Alianza, para guardar allí las Tablas de la Ley, dos meteoritos-betilos, sobre las que se escribieron los mandamiento de Dios, y además el betilo de Jacob, piedra sobre la que apoyaba su cabeza cuando Dios le habló en sueños. Según la tradición rabínica, estas piedras, además de actuar como puerta dimensional permitiendo la comunicación trascendente entre el Centro del Mundo, terrestre, y el Centro Supremo, celeste, designaban además al Verbo divino y la sabiduría de Dios, que cuida y alimenta a los suyos. Para el filósofo greco-judío Filón (13 a.C.-54 d.C.), la esencia de estas piedras queda resumida en la roca shethiyâh, sobre la que está depositada el Arca que las contiene: “Moisés designa por esta piedra la sabiduría de Dios, la cual alimenta, cuida y cría a los que aspiran a la vida incorruptible.



Esta piedra ha venido a ser como la madre de todos y ofrece a sus hijos un alimento que saca de su propia sustancia. Es el maná, es decir, el Verbo, el Logos, más antiguo que todos los seres”. Comparémosla con la descripción que el templario Wolfram hace de la Piedra Grial que flota dentro de un cofre: “En Munsalvaesche de los Templarios reside una tropa de caballeros. Todo su alimento proviene de una piedra preciosa que es toda pureza. Lleva el nombre de Grial. Esta piedra le da al hombre un vigor tal que sus huesos y su carne recuperan al punto su juventud”. ¿Hemos de entender que en el lenguaje esotérico de la Orden, Templo del Grial octogonal y Templo de Salomón-Cúpula de la Roca octogonal son lo mismo, y que por tanto Arca del Grial y Arca de la Alianza son una sola cosa? ¿Existió alguna relación históricamente comprobable entre el Arca y el Temple? ¿Su Arca del Grial era tan sólo un símbolo trascendente o buscaron en realidad el Arca de la Alianza, física y tangible? Lo cierto es que, en el s.XII, los templarios construyeron varios túneles que, partiendo de su convento en la colina del Templo, pasaban bajo la Cúpula de la Roca y desembocaban en la muralla sur. ¿qué buscaba la orden bajo los cimientos del Templo de Salomón, acaso el Arca del Grial, es decir de la Alianza, escondida allí por un ángel antes de la destrucción del primer Templo por Nabucodonosor?.

Sobre esta roca shethiyâh, conservada en la octogonal Cúpula de la Roca, estuvo depositada el Arca de la Alianza.
Sobre esta roca shethiyâh, conservada en la octogonal Cúpula de la Roca, estuvo depositada el Arca de la Alianza.

El Arca de la Alianza, extraño y poderoso instrumento divino, acompañó al pueblo judío por todo el desierto hasta la Tierra Prometida de Israel. El rey David la instalará en Jerusalén, (1000 a.C.), y Salomón le hará el primer Templo (955 a.C.). Allí permanecerá, en el Santo de los Santos, sobre la roca shethiyâh, hasta una fecha indeterminada cercana al s.VII a.C., en que desaparece. Sin embargo, una tradición etíope asegura que cuando la reina de Saba visitó a Salomón tuvieron relaciones amorosas de las cuales nació un hijo, Menelik. Cuando este niño creció, la reina lo mandó a Jerusalén con su padre, para aprender de él. Y tan buen alumno resultó que, consintiéndolo Dios, robó el Arca de la Alianza y se la llevó al país de su madre, Etiopía. Cuando se descubrió el robo, Salomón mandó fabricar una réplica del Arca y pidió a los sacerdotes callasen aquella vergüenza para evitar el ridículo de Israel. A pesar de ello, después del 955 a.C. Israel fue decayendo y Etiopía elevándose. Una variante historicista asegura que, hacia el 640 a.C., unos israelitas que escapaban del rey hereje Manasés llevaron el Arca hacia el sur, por el Nilo, hasta la isla lacustre de Debra Sehel, en Etiopía. Allí se levantó un pequeño templo hasta que años después, cuando la posesión del Arca les dio gran prosperidad, se instituyó la capital del reino en Aksum y la trasladaron a ésta como símbolo de identidad nacional, para venerarla en un grandioso templo octogonal. Esto explicaría la existencia de judíos etíopes, los falashas, desde la antigüedad hasta hoy.

Cuando en el s.IV d.C. la mayoría de los judíos etíopes se convirtieron al cristianismo, colocaron el Arca en una catedral dedicada a Santa María de Sión, y continuó siendo el centro de su religión: una forma de cristianismo oriental con elementos judíos arcaizantes. Así, en cada iglesia se puso una piedra sagrada, o tabot, como símbolo del Arca y de las piedras sagradas que guardaba en su interior. Las tabotat son todavía sacadas en procesión, como una presencia delegada del Arca en cada comunidad religiosa. Pues el Arca original no sale nunca de su catedral, porque al igual que en el Santo de los Santos de Jerusalén solo puede ser vista por el Sumo Sacerdote. Con la llegada del Islam, el imperio etíope quedó aislado del resto de la cristiandad y ser el único reino cristiano fuera del mundo occidental provocó su mitificación, para acabar siendo identificado con el Reino del Preste Juan. Aunque su aislamiento no fue total. Desde el s.IV el clero etíope estaba instalado en Jerusalén, en pie de igualdad con las demás iglesias cristianas orientales, destacando por la original forma de culto que profesaban a ese Arca de la Alianza que pretendían poseer en Aksum. Cuando los cruzados conquistan la Ciudad Santa, encuentran allí a los etíopes, con sus raras tradiciones, y allí los conocerán los templarios en 1118. Unos templarios que, después de excavar el subsuelo del Templo, sin resultados aparentes, debieron empezar a escuchar con más atención los relatos etíopes sobre la estancia del Arca en su capital.

Hacia 1160, el joven rey etíope Lalibela llega exiliado a Jerusalén pues su hermanastro Harbé ha usurpado el poder. Venía para pedir a los noble cruzados, los príncipes del Reino Latino y los maestres de las Ordenes Militares, ayuda para recuperar el trono. Las cartas que Harbé enviará al papa y a los reyes europeos, firmando con el título de Preste Juan, delatan que alguien había accedido a las peticiones de Lalibela. En un párrafo sorprendente Harbé dice: “Hay entre vosotros franceses, quienes están de parte de los sarracenos. Confiáis en ellos y creéis que deben ayudaros, pero son falsos y traidores. Que no os falte el valor y el ánimo para ajusticiar a estos traidores templarios”. Pero sus intrigas y maniobras políticas fracasaron, en 1185 Lalibela regresa a Etiopía y recupera su trono, ayudado por tropas europeas de templarios. ¿A quien si no a ellos podía interesar el lejano reino etíope, la amistad de su monarca y sus curiosas ceremonias religiosas alrededor del Arca de la Alianza?

El repuesto monarca trasladó la capital a Roha, donde había nacido, y la bautizó con su propio nombre: Lalibela. Para convertirla en un reflejo de la Jerusalén de Palestina rebautizó su río como Jordán, una iglesia como Gólgota, una colina como Monte de los Olivos, etc. Y para agradecimiento a la divinidad por su victoria, Lalibela mandó construir en la capital once iglesias monolíticas talladas en el suelo de roca volcánica, de modo que a ras de suelo sólo son visibles sus techos decorados con la cruz latina del Temple. Según cuenta el geógrafo armenio del s.XIII Abu Salih, en ellas trabajaron etíopes y egipcios coptos, pero los Maestros Constructores fueron hombres blancos que se habían quedado a vivir en el país. Y más enigmático aun, que en las ceremonias religiosas festivas el Arca de la Alianza, tapada con un velo, era llevada y acompañada por porteadores de tez blanca y rojiza, con el pelo rubio. La orden del Temple habría conseguido así custodiar, ya que no poseer, el Arca de la Alianza que contenía las Piedras Celestes que había buscado infructuosamente en el Templo de Jerusalén. Esta situación de privilegio era quizá la más conveniente para los Templarios: restaurando al monarca legítimo, Lalibela, habían adquirido un prestigio y una influencia que les permitía acceder al Arca, participar activamente en sus ceremonias y custodiarla. Al mantener esta posición en secreto, mientras maduraban sus planes para pasar del esoterismo especulativo al operativo, dieron a la Orden ese aura mítico-misteriosa, reflejada en la epopeya del trovador templario Wolfram, donde la orden aparece como custodia del Arca del Grial, en un templo octogonal, en el reino del Preste Juan, un lugar intangible y misterioso, pero que sin embargo tenía poder e influencia moral sobre los demás reinos cristianos.

Iglesia de Lalibela (Etiopía) excavada en la roca por Compañeros Constructores que le dieron la forma de la cruz latina templaria.
Iglesia de Lalibela (Etiopía) excavada en la roca por Compañeros Constructores que le dieron la forma de la cruz latina templaria.

¿Durante cuanto tiempo mantuvieron los templarios su puesto de privilegio en la corte de Etiopía? ¿En algún momento perdieron el favor real, tal vez porque el agradecimiento que les debía se convirtió en una carga demasiado pesada, o porque debido a las circunstancias de Occidente pensaron en algún instante apoderase del Arca y traerla a Europa? ¿qué ocurrió con el destacamento templario de Etiopía cuando fue suprimida la Orden? Todo son interrogantes sin respuesta cierta, aunque la lectura de las obras de Wolfram nos sugiere algunas coincidencias inquietantes. En fechas paralelas a aquellas en que Wolfram escribió su obra, Parzival y Titurel, en Etiopía se compone una obra titulada Kebra Negast, primera versión escrita conocida de la historia del Arca de la Alianza y su llegada a Etiopía por mano de Menelik, hijo de Salomón y la Reina de Saba. ¿Sería el Kebra Negast el misterios libro escrito por el judeo-árabe Flegetanis y descifrado por Kyot de Provins del que Wolfram asegura tomó la idea para su Parzival y Titurel? El conocimiento que el trovador templario tuviera, de la leyenda contenida en aquella obra, explicaría que el Grial de Wolfran fuese una piedra, cuando todas los otros libros dicen que el Grial es una copa. Una piedra guardada en un Arca Sagrada, custodiada por templarios en un templo octogonal, en el reino del Preste Juan. Justificaría también aquella alusión a que los guardianes del Grial, los templarios, pueden poner reyes en sus tronos. Y tantas otras citas en las que el Arca del Grial y su contenido se parecen al Arca de la Alianza y sus betilos, como una gota de agua a otra. Y en un momento determinado de la narración, Wolfram hace decir a un templario de la Orden del Grial que “deben ir al corazón de África más allá de Rohas”, cuando precisamente una ciudad africana medieval se llamó Roha: aquella que el rey etíope Lalibela, ayudado por el Temple, instituyó como nueva capital tomando el nombre del monarca, y dónde enigmáticos hombres blancos de cabellos rubios construyeron, a principios del s.XIII, fantásticas iglesias excavadas en la roca con la planta en forma de cruz latina del Temple. ¿Coincidencia o premeditación?.

El caso es que en 1306 el Preste Juan etíope, el rey Wedem Ara´d (1294-1314), envió una importante misión diplomática al papa Clemente V y al rey de Francia, Felipe IV el Hermoso. No sabemos de que hablaron pero, curiosamente, tras la partida del embajador etíope el rey Felipe, en connivencia con el papa, comenzó preparar su jugada contra el Temple que ejecutará al año siguiente acabando con la Orden. ¿Quería el Preste Juan Wedem deshacerse del Temple instalado en su reino, porque conocía algún plan de la Orden para apoderase del trono, mediante un rey títere, creando así su propio imperio terrenal, como había hecho la Orden de San Juan en Rodas o los Teutónicos en los Países Bálticos, pensando legitimar su acción por la custodia y posesión del Arca? ¿Informó la embajada etíope de estas sospechas al papa y al rey, actuando acaso como lo hizo el Preste Juan Harbé, en 1165, pidiendo “ajusticiar a esos traidores templarios”? Aunque esta no fuese la causa principal de la caída del Temple, bien pudo influir en el ánimo de la monarquía y el papado cualquier noticia negativa que los etíopes les comunicaron sobre los planes, presuntos o reales, de los caballeros templarios.

No lo sabemos. Pero cuando el Temple fue disuelto, en 1312, y su Gran Maestre, Jacques de Molay, pereció en la hoguera, en 1314, una misteriosa muerte alcanzó rápidamente y con pocos meses de diferencia al rey francés Felipe, al papa Clemente, y al Preste Juan Wedem. Y ese mismo año, en la batalla de Bannockburn, el pequeño ejército templario al servicio del escocés Roberto I Bruce, que derrotó al rey de Inglaterra que los había traicionado, se lanzó a la carga haciendo ondear sus insignias, vistiendo sus capas blancas con cruces rojas, y marchando detrás de un relicario que tenía la forma del Arca de la Alianza... El que sepa entender, que entienda.


Salud y Fraternidad.

© 2022 Rafael Alarcón Herrera.

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