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  • Rafael Alarcón Herrera

Los gatos de Freyja.


“Y entonces vino Njord con su barba negra, y detrás de él Freyja, con su túnica ligera, y alrededor de sus esbeltos tobillos jugaban los gatos grises”.

[William Morris, “Los amantes de Gudrun”, 1876].


Freyja, emanación de la Madre Tierra, es una divinidad celto-nórdica de carácter dual. Por un lado es la diosa del amor fructífero y la lujuria, como fuerza fertilizadora, vital; así, durante la estación cálida, recorre los cielos sobre un carro tirado por gatos, símbolo de sus cálidos afectos y fecundidad, haciendo germinar semillas y frutos, bendiciendo las cosechas. De otra parte, es divinidad de la muerte, en el sentido de madre amorosa que reclama a sus hijos para que descansen en su regazo; por ello, durante la estación fría, desde su carro, cubre la tierra de hielo y nieve para protegerla hasta que regrese el sol. . El carácter “solar” y “revitalizador”, abarca toda su genealogía. Es hija de Njord, dios gaélico del viento y el mar, y de Nerthus, la Madre Tierra. Su hermano gemelo es Freyr, dios de la luz solar fertilizadora junto con la lluvia. Su esposo es Odur, el sol del verano que trae la abundancia. Incluso su aspecto oscuro es positivo, cuando participa en los combates, como Walfreyja, “conductora de las Walkirias”, se reparte con Odín los espíritus de los héroes muertos en batalla, que ella hace habitar en su luminoso palacio de Sessrumnir. Tenía numerosos templos por toda Europa, que persistieron en la Edad Media, el gran santuario de Freyja en Magdeburgo fue destruido por Carlomagno (742-814), aunque pervivieron los pequeños templos rurales al menos hasta el s.XII. El gran templo de su hermano Freyr, en Uppsala (Suecia), sobrevivió hasta mediados del s.XIII. Cuando sus templos fueron destruidos por la prepotente intolerancia judeo-cristiana, los campesinos continuaron su veneración a los hermanos, Freyja y Freyr, mediante cuencos de leche que colocaban en los sembrados, para refrigerio de los divinos gatos.

Todavía hoy, entre los nórdicos, los nombres levemente modificados de estos hermanos sirven para designar “señor” y “señora”. Y el día que conocemos como “viernes”, es para ellos “Freytag”, el día de Freyja. Al estar consagrado a tan singular pareja, propiciadora del amor y la fertilidad, era el día indicado para contraer matrimonio, costumbre que persistió, hasta que los sacerdotes de la nueva religión se negaron a celebrar bodas en viernes, alegando que ese fue el día en que murió el mítico Cristo.

No obstante las restricciones, anatemas y persecuciones, una gran parte de las gentes sencillas continuaron venerando a los gatos de Freyja, y al morir escogían ser enterrados, no bajo el signo del dios judeo-cristiano, sino bajo la protectora rueda solar, el poliskel de numerosos brazos, símbolo de la energía revitalizadora del Sol. Así, numerosos templos románicos conservaron, hasta no hace mucho, gran cantidad de estelas funerarias marcadas por el símbolo de Freyja y sus gatos sagrados.

“Freyja, la Diosa más hermosa en el cielo, la más honrada por todos después de Frigg, la esposa de Odín”.

[Mathew Arnold, “Balder Dead”].

Salud y fraternidad.

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© 2009 Rafael Alarcón Herrera.

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