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  • Rafael Alarcón Herrera

Las iglesias iniciáticas del Temple


Cuando en 1118 el rey Balduino de Jerusalén autoriza la orden del Temple, le entrega las ruinas del templo de Salomón para que residan allí. El lugar estaba ocupado por diversos edificios sagrados musulmanes, destacando el santuario Kubbat-el-Sakhra, o Cúpula de la Roca. Construcción octogonal que los templarios convirtieron en Iglesia Madre, presidida por el símbolo grialico por excelencia: un cáliz con sangre del Mesías Jesús.

Pocos años después el trovador templario Wolfram von Eschenbach, al hablar en uno de sus poemas mas esotéricos sobre la misión oculta de la Orden, declara: “Cuando Titurel se propuso la construcción de un templo, sito en Montsalvat, para guardar en el al Santo Grial, confió su custodia a doce caballeros templarios, al frente de los cuales figuraba un Gran maestre de la orden. Y el Templo del Grial simulaba la forma radiante del octógono”.

-Alzada, sección y planta del santuario islámico “Cúpula de la Roca”, modelo simbólico adoptado por los templarios, que lo reprodujeron además en sus sellos. Página incluida en el libro "A la sombra de los Templarios". Ilustración de Patricia R. Muñoz.

Este Templo del Grial se extenderá luego por toda Europa, donde no hay país que no posea hoy una o mas de estas enigmáticas construcciones octogonales templarias: Drüggelte, Bonn y Kobern, en Alemania; Laón, Metz, Montmorillón y París, en Francia; Eunate, Torres del Río, Soria, Zaragoza, Segovia y Montsacro de Morcín, en España; Tomar en Portugal; Pisa, Bolonia, Torcello y Barletta, en Italia; Londres, Northampton, Bristol y Garway, en Inglaterra; etc. Ante las que no podemos dejar de preguntarnos ¿quién puede haber dado a los caballeros templarios el gusto por las iglesias poligonales de triple recinto?

La respuesta es simple, no pueden haber recibido estas enseñanzas mas que de los Compañeros Constructores: europeos de tradición céltica, bizantinos y sirios próximo-orientales, y musulmanes, que colaboraron con ellos en tareas comunes obedeciendo a las mismas tradiciones sincréticas.

La construcción poligonal no es un invento templario, sabemos que los caballeros tomaron prestados elementos de la tradición ancestral en un sincretismo acorde con sus circunstancias y propósitos. Es inútil inventar símbolos nuevos cuando ya existen otros que desde siempre sirvieron para expresar la idea que se quiere manifestar, esto era conocido por los Compañeros Constructores y sus aliados templarios cuando al levantar sus templos iniciáticos les dotaron de una estructura simbólica que venía sirviendo a la función iniciadora desde la noche de los tiempos.

No es fácil seguir el rastro de los edificios poligonales, pero desde los tiempos paganos están asociados a un culto y un ritual de carácter secreto, y relacionados con algún modo de muerte iniciática. Como el templo dúplice del oráculo de Apolo en Delfos, considerado el Centro del Mundo; el templo octogonal de Diana-Artemisa, la Diosa-Madre-Tierra negra, en Efeso; o los pequeños templos privados poligonales de las mansiones romanas.

Cuando surge el cristianismo, inicialmente se limita a adaptar las estructuras arquitectónicas existentes: basílicas romanas o templos paganos, y entre ellos los modelos circulares y poligonales, aplicados a la práctica de ritos religiosos especiales, como el bautismo. Con la forma octogonal concéntrica del baptisterio, se significaba que la inmersión no solo se efectuaba como descenso a las aguas primordiales de la creación, sino también como viaje iniciático al Lugar Central donde mora el Espíritu de Dios. El neófito se sumergía en las aguas como un vehículo para acceder a la mansión de la Tríada Divina, que transforma espiritualmente a los que alcanzan tal lugar. Posteriormente las pilas bautismales medievales adoptarán la forma de un gran cáliz, lo que dotará al rito del bautismo de sugerentes resonancias griálicas. Baste decir, que así el iniciado es simbólicamente bautizado con el agua primordial y con la sangre regeneradora de la divinidad: con el fluido vital de la tríada celestial.

Este bautismo de sangre queda reflejado en otro tipo de construcciones poligonales, nacidas en Tierra Santa, los martyrium surgidos sobre la tumba de un santo mártir. Porque en la simbología cristiana, mártir es el fiel que ha recibido el bautismo de la propia sangre. Lo que equipara martyrium y baptisterios poligonales en un mismo simbolismo iniciático.

Templos octogonales de Tierra Santa, precursores de la “Cúpula de la Roca” 1). Tumba de la Virgen María. Jerusalén. Siglo V (¿450?; 2) Iglesia de la Ascensión. Jerusalén. Siglo IV (330); 3) Iglesia de la Natividad de Belén. Siglo IV (333); 4) Iglesia del Santo Sepulcro. Jerusalén. Siglo IV (326-336): 5) Santuario “Cúpula de la Roca”. Jerusalén. Siglo VII (688-691). Página incluida en el libro "A la sombra de los Templarios". Ilustración de Patricia R. Muñoz. Todos los derechos reservados.

En Tierra Santa, los martyrium se elevan sobre lugares marcados por un hecho trascendente en la vida de Cristo: Capilla de la Ascensión y Santo Sepulcro, de Jerusalén; o la Natividad, de Belén. Construcciones relacionadas con el muerto-resucitado por excelencia, Jesús, prototipo de santos mártires. Aunque el ejemplo más significativo, en el ámbito simbólico, está en la Tumba de la Virgen, de Jerusalén. Cuentan las tradiciones cristianas que la Virgen María, al morir, fue trasladada al cielo en cuerpo y alma. Por tanto el edificio octogonal sobre esa tumba ficticia, deja de ser mausoleo para convertirse en puerta dimensional: lo que allí se conmemora es el acceso al Centro Supremo, a la morada de la Tríada Divina, por parte de una persona santa. Lo que puede equipararse con el sentido del templo octogonal de la diosa Diana, en Efeso, ascendida al cielo desde dicho lugar.

Los grandes arquitectos bizantinos tomaron este modelo octogonal para sus iglesias de plan central, por el simbolismo cosmogónico trascendente que encerraban, creando notables ejemplares en Constantinopla e Italia. El prototipo se extenderá luego por la Galia y Britania, donde se combinará con el simbolismo de los templos célticos. Pero no es sino a partir del asentamiento de la Orden del Temple en Jerusalén (1118), en el santuario islámico de la Cúpula de la Roca, cuando occidente vuelve a retomar con pujanza el tipo de construcción poligonal.

Porque únicamente la Orden del Temple es la que, salvo contadas excepciones, construye estas edificaciones por toda Europa. Desde la Iglesia del Temple, en París, casa principal de la Orden en occidente, hasta la humilde capilla de Eunate (Navarra, España), pasando por la Capilla del Temple, de Londres; el Convento de Cristo, en Tomar (Portugal); o la iglesia de NªSª del Temple en su encomienda de Zaragoza (España).

Y aunque el simbolismo templario se nutría tanto del esoterismo compañeril oriental y occidental, como de al mística kabalística hebraica, no debemos olvidar otra fuente inspiradora que ha sido poco estudiada, el Islam. Ya que el esquema constructivo poligonal templario está claramente inspirado en el Santuario de la Cúpula de la Roca, de Jerusalén, síntesis de todas las estructuras poligonales anteriores, paganas y cristianas.

El año 636 el califa Omar I conquista Jerusalén y consagra la explanada del Templo de Salomón a la religión musulmana. Este lugar se convierte así en el Haram-el-Cherif, recinto sagrado, imagen del Centro Supremo de Dios, de donde emana la fe verdadera que impregna las tres religiones predominantes en la Ciudad Santa. Para manifestar esta sacralización el califa Abd-el-Malik ordena en 685 la construcción de un grandioso conjunto religioso monumental, presidido por el santuario octogonal Kubbat-el-Sakhra, o Cúpula de la Roca, que se eleva sobre el punto culminante de la explanada del Templo. El edificio está compuesto por un triple cuerpo: el mas interior, circular, rodeado de una galería octogonal y encerrados ambos por el cuerpo exterior, también octogonal. Su simbolismo responde al del Centro Sagrado Invisible: el punto central o eje del mundo, ocupado aquí por la Roca Sagrada, es circular y pasa al cuadrado a través de un octógono, en este caso doble, que representa la doble unión del Cielo y la Tierra, en ese punto donde la divinidad entra en contacto con los hombres y donde también algunos humanos elegidos pueden traspasar la puerta dimensional que los separa del universo divino trascendente.

Planta de la capilla templaria de Eunate (Navarra. España). Siglo XII (¿1150- 1160?).Página incluida en el libro "A la sombra de los Templarios". Ilustración de Patricia R. Muñoz. Todos los derechos reservados.

El punto central del edificio es la Roca Sagrada. Alrededor de ella los místicos sufíes y los derviches celebraban el ritual tawaf, la danza circular que los templarios repetirán en los deambulatorios de sus templos poligonales, mediante procesiones rituales como las celebradas en Vich (Barcelona), Monsacro de Morcín (Oviedo), o en las arquerías exteriores de Eunate (Navarra). Este centro sagrado es objeto de numerosas leyendas, una de estas designa la Roca como el lugar exacto donde sonarán las trompetas en el Juicio Final y estará el Trono de Dios. Pero la leyenda mas sugerente es aquélla que propició la construcción del santuario en este preciso lugar. Afirma que el profeta Mahoma había sido transportado hasta la Roca Sagrada, a lomos de la yegua alada Alborac, para desde allí ascender a los círculos del Cielo y contemplar la grandeza de Alá, tras dejar grabadas en la piedra las huellas de su mágica cabalgadura.

Todo nos lleva a pensar que los arquitectos del califa Abd-el-Malik actuaron al servicio de una idea simbólica, que se manifiesta en toda su sincrética multiplicidad mediante ese esquema de triple recinto octogonal, como un reflejo de las tres religiones del Libro. Que en su vertiente esotérica hacen de la Roca Sagrada un punto privilegiado de la tierra, al colocar allí el ombligo del mundo, cimiento del eje de la creación. La tradición kabalística hebrea del Zohar, describe así la Roca Sagrada del santuario islámico: “El mundo sólo comenzó a existir cuando Dios cogió una cierta piedra, que se llama Piedra de la Fundación, y la lanzó al abismo de las aguas de las posibilidades universales, de suerte que allí se implantara solidamente para que pudiera construirse el mundo sobre ella. Esta piedra es el punto central del Universo, y sobre este punto está el Santo de los Santos”.

Estamos ante un símbolo grialico puro, pues dicha Piedra de la Fundación no es otra cosa que la Piedra Grial de la caballería esotérica cristiana, y estamos ante una arquitectura sagrada construida en función de dicho símbolo: el Templo de Dios que contiene la Piedra Celeste. Y no debe extrañarnos que se trate también de un símbolo islámico, puesto que esta piedra simbólica es imagen de la Piedra Kaaba Celestial, buscada por la caballería esotérica islámica. Esta Piedra Celeste, es la que el trovador templario Wolfram von Eschenbach describe como “una piedra que flota dentro de un cofre precioso sobre el Monte Onyx. Esta piedra se llama Grial y es custodiada por doce caballeros templarios en un santuario octogonal”. ¿Acaso el octógono de la Cúpula de la Roca? Porque no olvidemos que este santuario islámico fue la iglesia Madre de la orden del Temple.

Los caballeros templarios no efectuaron ninguna transformación relevante en el santuario islámico. Esta manifestación de respeto, por un edificio sagrado de otra religión, es coherente con lo que será la política sincrética del Temple durante doscientos años. La estructura arquitectónica, levantada sobre unos cánones simbólicos, tiene valor por si misma; es un instrumento útil aunque el ritual varíe de una religión a otra, puesto que la armonía del edificio responde lo mismo a la salmodia del muecín, que al cántico del monje o al rezo del rabino.

La asunción de estos valores sincréticos por el Temple queda patente en el propio título de Templo del Señor otorgado por los templarios a la Cúpula de la Roca, en 1142, que es lo suficientemente ambiguo como para que podamos ver en el un reflejo de la noción esotérica del Templo Espiritual Universal, que guarda la Gnosis Divina. Lo que traducido al simbolismo cristiano medieval se entiende cómo Templo del Grial, donde se guarda la Copa Sagrada del Conocimiento, custodiada por el Rey del Grial.

Los templarios no actuaron alocadamente cuando escogieron el santuario de la Cúpula de la Roca como su Iglesia Madre. Conocían el significado simbólico del edificio en la escatología esotérica islámico-hebraica y no tuvieron empacho en traducirlo, a su gnosis particular, considerándolo como Templo del Grial y manifestando esta creencia mediante la presencia material de una copa, con sangre del Mesías, suspendida sobre al Roca Sagrada. Junto a ese Grial, se encontraba un lignum crucis patriarcal con un fragmento de la Vera Cruz, obtenida de la madera del Árbol de la Vida, que es también Eje del Mundo y une Macrocosmos y Microcosmos. Y junto a estos símbolos, una Virgen negra, ante la que ardía una candela de oro, señalaba el lugar donde María, la Gran Madre-Tierra, había presentado a Jesús en el Templo el día de la Purificación, fiesta de la Candelaria, como manifestación oficial de la Luz Divina, surgida del seno de la Madre, en el Eje del Mundo Visible.

Los templarios, conscientes de su valor ritual, señalaron todos los lugares santos de la Cúpula de la Roca, ordenándolos según una ronda que los caballeros debían seguir en sus ritos de iniciación, deteniéndose a meditar ante cada uno de ellos, leyendo los versos que los marcaban, obra del poeta y prior templario Achard d´Arrouaise quien escribió además un poema en clave cabalística sobre el Templo de Salomón y la Cúpula de la Roca. ¿Podría entonces extrañarnos que los templarios reprodujesen el modelo poligonal del Templum Domini en sus recintos iniciáticos? Un modelo que desde el primer momento fue adoptado como emblema de la Orden y del Gran Maestre, en cuyos sellos aparecía el Santuario de la Roca.

La densidad y distribución de los santuarios poligonales en occidente no es el resultado de un capricho, y las formas responden a un ritual preciso, hoy desaparecido, que solo podemos evocar en muy pequeña medida. Todas estas capillas, iglesias o ermitas, están coronadas por una denominada “linterna de los muertos”. Igualmente poseen leyendas relativas a tumbas de reinas, magos, druidas y otros personajes misteriosos, así como a pasadizos secretos, cámaras ocultas y criptas tapiadas. En ellas se veneraban enigmáticas Vírgenes Negras, singulares cristos románicos, o Lignum Crucis patriarcales relacionados con el simbolismo esotérico de la Orden del Temple. Contienen elementos estructurales ajenos a los edificios religiosos de la época y, por la composición del conjunto, nos hacen pensar en recintos propios para celebraciones mistéricas antes que en edificios para el culto cristiano habitual.

Porque una cosa parece clara, ni la Cúpula de la Roca es una mezquita, ni las capillas poligonales del Temple son iglesias en el sentido estricto del término, si bien ambas construcciones, en función del medio en que se desenvuelven parecen responder a las directrices utilitarias de la religión del momento.

En todas las iglesias poligonales del Temple, conservadas y desaparecidas, el misterio rodea la edificación, un misterio que hunde sus raíces en símbolos tan viejos como la humanidad, y que en la Edad media se manifestó, de manos de los caballeros templarios, bajo la forma del Grial.


© 2022 . Del texto e ilustraciones. Rafael Alarcón Herrera. Todos los derechos reservados.

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