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  • Rafael Alarcón Herrera

La arquitectura fantasma de los Templarios



Durante los cerca de doscientos años de su existencia, la orden del Temple acumuló un extenso y rico patrimonio cultural. Que acabó repartido entre los diversos estamentos sociales, beneficiados por la desaparición de los templarios en 1312. Sus bienes muebles han resistido mal el paso de los siglos, por el contrario los edificios: iglesias, castillos, encomiendas han soportado mejor el devenir temporal, debido tanto a su sólida construcción como a su funcionalidad. Lógicamente muchos han desaparecido, a causa de guerras, desamortizaciones o simple abandono, mientras que unos pocos los hemos heredado y disfrutamos en un estado medianamente aceptable.

No obstante, además de los edificios conservados y los desaparecidos, existe una arquitectura templaria que no pertenece a ninguna de estas dos categorías. Hablamos de unas construcciones que “ni existen ni han desaparecido”, es decir que son sistemáticamente ignoradas por las autoridades culturales “competentes”. Una arquitectura templaria que bien podemos calificar de “fantasma”. Puesto que, como el alma en pena de sus caballeros, surge vaporosamente atravesando los muros de otras edificaciones, en las que vive oculta, y se manifiesta ocasionalmente a ciertos humanos afortunados causando su espanto o su admiración.

Nos referimos a ciertos edificios de la orden del Temple, cuya función y carácter han quedado enmascarados por la utilización posterior que se ha hecho de los mismos, por completo ajena a aquella para la que fueron creados. Todo ello con la obscena complicidad de las autoridades administrativas. Las cuales se limitan en la mayoría de los casos a mirar hacia otro lado, cuando no es que toman parte activa en este latrocinio del patrimonio histórico-cultural del Temple.

Y lo mas doloroso de todo, es que si tales edificios templarios no estuvieran en uso, aunque este sea un uso “contra natura”, hace años que habrían desaparecido. Como les sucedió a muchas iglesias y castillos que, para los estamentos dirigentes del país, sólo tenían el valor del ladrillo o la piedra y por eso fueron reducidos a grava para pavimentar carreteras. El catálogo de esta arquitectura fantasma es largo y doloroso, por ello daremos sólo unos cuantos ejemplos de los mas sangrantes. Con el secreto deseo de que a los lectores se les pongan los pelos de punta y palidezcan de horror, como nos sucedió cuando contemplamos estos espectros templarios por vez primera.

Atendiendo al uso que de ellos se ha hecho hemos dividido dichos edificios en cinco grupos, mas o menos coherentes, teniendo en cuenta que muchos participan de dos o mas de aquellos por su utilidad cambiante.



1º Uso como “cantera”:

Es el caso mas triste e irreparable. Su ejemplo mas significativo es la iglesia de Nuestra Señora del Temple, en Ceinos de Campos (Valladolid). Este magnífico ejemplar del mejor románico, pertenecía a una poderosa encomienda agrícola-ganadera surgida hacia 1160 y rápidamente convertida en cabeza de todas las posesiones en Tierra de Campos. Suprimido el Temple, en 1312, Ceinos vivió una dolorosa decadencia de casi quinientos años, conservando su iglesia abierta al culto hasta 1799, en que por no poder repararse los desperfectos se cerró. Aun aguantó en pie hasta 1868, cuando sus responsables decidieron derribarla u “aprovechar” las piedras. Aquello fue cantera abierta a todos, muchos tomaron tal o cual sillar labrado para decorar puertas y ventanas de sus casas; otros hicieron bancos de solana con los grandes capiteles de la nave mayor; hubo quien adornó su fachada con ménsulas esculturadas; o embelleció el Frontón Municipal con canecillos; incluso alguno no dudó en hacerse un panteón con arquivoltas y columnas. Aunque el grueso de su riqueza escultórica fue a parar a las tolvas, que la molieron para pavimentar al carretera general N-601.


Cementerio levantado con sillares procedentes de la perdida Capilla de NªSª del Templo, s.XII-XIII, Ceinos de Campos (Valladolid) [Diapositiva 1 noviembre 1993].


Sobre el solar, aprovechando numerosos sillares, se levantó en 1920 una Casa Cuartel de la Guardia Civil, luego abandonada, parte de la cual es hoy un almacén agrícola sito entre las calles “del Templo” y “Tras del Templo”. De todo aquel esplendor sólo nos quedan los restos ya citados, esparcidos por el pueblo, junto con unos grabados de Parcerisa (de 1860), que dan idea del gran valor de lo perdido. Esto y cuatro arcos con maltrechos santos, que se pudren al aire libre en el patio del Museo Nacional de Escultura en Valladolid, el cual los compró en 1868 por 4.000 reales. Por suerte subsisten diversas leyendas y tradiciones sobre este monumento, que nos hablan del valor esotérico que tuvo para la Orden. Como aquella de la “Dama Encantada”, la “Mora Juanina”, quien con siete gatos negros vivía en el fondo de un pozo custodiando el tesoro del Temple.


2º Uso “administrativo”.

Sus facetas son tan amplias como las necesidades de la administración pública. Así, encontramos convertido en Gobierno Civil el Convento Templario de Valencia; en polvorín su iglesia de Avós (Huesca); o en acuartelamiento militar su castillo de Gardeny (Lérida). Aunque el uso mas extendido es como Ayuntamiento, caso de la fortaleza de Novallas (Zaragoza), o la casa fuerte de La Iglesuela del Cid (Teruel).



En el caso de los ayuntamientos no sabemos que actitud es peor, si el abandono de los edificios a la ruina, o su restauración compulsiva. La pequeña fortaleza templaria de Novallas (Zaragoza) (de 1157), se fue transformando tras la marcha de los templarios hasta quedar convertida, ya muy degradada, en casa de vecinos. Así la vimos en 1982. Cuando pasamos de nuevo por allí, en 1995, las casas habían sido derribadas dejando al descubierto los restos de muros y torreones templarios. Pero sólo para servir de base a unas “seudo futuristas” estructuras de gris hormigón, que dan al conjunto un lúgubre aire de “búnker ciberespacial”, en el que se aloja muy ufano, ¡como no!, el Ayuntamiento del lugar.

Mas práctico y menos vanguardista, con una sencilla restauración muy en estilo “mozárabe-rústico-aragonés”, el alcalde del cercano lugar de Novillas (Zaragoza) transformó la casa fuerte templaria en su vivienda particular. Y aún cedió generosamente una parte, a la peña festiva “las Templarias”.


3º Usos “públicos comunitarios”.

Mas falaz que el uso “administrativo”, es el uso “público”. Invocado por las administraciones para justificar, so pretexto del bien común, su abusiva adulteración de los edificios del Temple. Puesto que no se han molestado en reconvertir dichos monumentos restaurándolos, sino que han tirado por la vía cómoda: sencillamente derribar o, en el mejor de los casos, bastardear el edificio original hasta hacerlo irreconocible.

En nombre del “bienestar comunitario” han dilapidado el patrimonio cultural de todos, sirviendo a veces intereses no muy claros. Como en Castronuño (Valladolid), donde hacia 1917 se arrasó la iglesia fortificada templaria de Nuestra Señora del Castillo (s.XII), para construir en su solar una escuela pública. Aunque cualquier otro lugar hubiese resultado igual de bueno y, seguramente, mas barato. Perdimos allí una grandiosa obra del mejor mudéjar, de ábsides planos como en la iglesia templaria de Villasirga (Palencia) y estructura similar a los templos de la Orden en Toro (Zamora). Todavía hoy los rapaces de Castronuño, “monotonía de lluvia tras los cristales...”, repiten la eterna lección sobre los cimientos de aquella joya perdida; sin saber cuan “agradecidos” deben estar al Ministerio de Instrucción Pública, que arrasó la mejor construcción mudéjar templaria, “una antigualla ruinosa”, para edificarles un “templo del saber” donde “desasnarlos”.

Parecida suerte corrió el castillo de Jerez de los Caballeros (Badajoz), hacia 1925; la encomienda de Agreda (Soria); o la iglesia de San Miguel el Alto, en Toledo, cuyo estupendo claustro románico se derribó para levantar allí la “muy católica y respetable” Escuela Parroquial.

Igual de respetable es el dispensario médico en que, los próceres de turno, han convertido la capilla del castillo templario de Támara (Palencia); el Mercado Municipal que desde 1913 ocupa el interior del castillo de Fregenal de la Sierra (Badajoz); la Plaza de Abastos levantada hacia 1920 en la fortaleza de jerez de los Caballeros (Badajoz); la cárcel eclesiástica que hubo en el castillo de Santorcaz (Madrid), y la prisión civil edificada sobre la iglesia del Temple, en Tarragona, situada dentro del anfiteatro romano; o los numerosos cementerios que llenan el interior de sus castillos, como el de Albentosa (Teruel), y rodean sus iglesias en Torquemada (Palencia) o San Pedro Manrique (Soria). Aunque el caso mas espectacular está en Albalate de Zorita (Guadalajara), donde las tumbas modernas invaden las derruidas naves de Nuestra Señora de Cubillas, mientras el ábside sirve de capilla funeraria y la antigua portada románica da acceso al cementerio produciendo una curiosa paradoja: los canecillos del alero, que presiden la solemne entrada de los féretros, son figuras eróticas en posturas obscenas...

Aunque en punto a obras públicas se llevan la palma los “embalses” o “pantanos”, que han sepultado sin misericordia iglesias y castillos templarios. El mas destacado de ellos es el poderoso y legendario de Alconetar (Cáceres), levantado hacia 1167 sobre ruinas romanas, pleno de leyendas referidas a tesoros y reliquias prodigiosas, como el “Mantel de la Sagrada Cena” custodiado por los templarios, guardianes y conservadores además del increíble puente romano. De todo ello no queda hoy mas que la mágica “Torre de Floripes”, que navega con su quilla de piedra por el Embalse de Alcántara II, desde 1969, llevando por pasajero el alma en pena del gigante Fierabrás derrotado allí por Carlomagno.



No menos “públicas” ni curiosas son las vías de comunicación relacionadas con el Temple. Así la iglesia de San Polo (Soria), atravesada en su mitad por la carretera que une San Juan del Duero y San Saturio, paralela al río Duero, por donde tanto pasearon Bécquer y Antonio Machado. Las portadas norte y sur de la iglesia están unidas formando un túnel, que cruza la nave del templo, por el que discurre la carretera que corta en dos el edificio con su negro asfalto.

Mas grave aún es el caso de Torija (Guadalajara), allí hubo un castillo sede del convento templario de San Benito, instalado hacia 1157 en un cerro a las afueras del pueblo. En 1389 Pedro González de Mendoza lo utilizó como cantera para levantar el Castillo Nuevo, que es el que hoy vemos a escasos cien metros del anterior. No obstante subsistieron bastantes restos del Castillo Viejo, hasta que la carretera N-II, primero, y la autovía E-4, después, partieran el cerro en dos dejando a los fantasmas del castillo flotar sobre el tráfico rodado entre Madrid y Barcelona.

4º Usos “rurales”,

Se distinguen aquí dos tipos de edificios. Uno el de aquellos que han continuado utilizándose para el fin que fueron creados, con modificaciones únicamente en función de dicho uso. Son las construcciones rurales templarias, tales como cortijos, masías o casas de labor, que todavía sirven al trabajo agrícola en Ambel (Zaragoza), Lares (Badajoz), Malamoneda (Toledo), Sotofermoso (Cáceres), Villarluengo (Teruel), o Almodóvar del Río (Córdoba) que conserva incluso el nombre de “Cortijo del Temple”. Otro tipo, es el de los transformados para uso agrícola cuando su función inicial era otra muy distinta.

Entre ellos, la iglesia mozárabe de Santa María de Melque (Toledo) empleada como pajar y establo hasta hace bien poco; igual que la iglesia y convento de Monasterio de la Sierra (Burgos), aún en funciones de redil; la de Gavilanes (Salamanca), usada como palomar; o la de Villalba de los Alcores (Valladolid), empleada para molino. Otras muchas iglesias del Temple se han visto reducidas a vulgares almacenes de aperos de labranza, mejor o peor conservadas, caso de San Miguel en Tiedra (Valladolid), San Salvador el Pintado en Toro (Zamora), o Nuestra Señora de la Zarza en Peñalver (Guadalajara).


5º Usos “urbanos”.

Salvo el grupo primero, éste es el que mas perversos empleos ha dado a los monumentos templarios. En el mejor de los casos han sido transformados en casas de vecindad, como pasó en Calatayud (Zaragoza), Castrojeriz (Burgos), Tarazona (Zaragoza), o Toledo donde aún quedan restos de las vigas decoradas con inscripciones arábigas. En Zaragoza era la gran iglesia iniciática poligonal de Nuestra Señora del Templo, similar a su hermana de la Vera Cruz (Segovia), con doble recinto concéntrico, la que permaneció habitada por vecinos desde la exclaustración de 1835 hasta su derribo total en 1991.

“Mejor suerte” ha corrido la citada iglesia de San Polo (Soria), que además de ser atravesada por una carretera, se ha convertido en vivienda particular, de dos plantas. Y su anejo cementerio templario, en ameno jardín para uso y disfrute de sus dueños, que pueden gozar de las barbacoas junto a las estelas funerarias de los caballeros. Lo que sin duda hace que se revuelvan en sus tumbas, saliendo a vagar las noches de luna llena, como dejó escrito Bécquer en sus “leyendas”. Otros afortunados propietarios son los que se construyeron un hermoso chalet, césped y piscina incluida, en el patio de armas del castillo templario de Santorcaz (Madrid) a la sombra de la enigmática iglesia de Nuestra Señora de las Abejas.

La industria nacional aporta también su granito de arena a este travestismo arquitectónico. La iglesia de Tiedra (Valladolid) ha sido utilizada ocasionalmente como garaje, y la de Alcañiz (Teruel) lo fue hasta ayer mismo como taller mecánico por lo que conserva pintados en las piedras de su torre unos “preciosos” anuncios referidos a ciertos famosos neumáticos. La de Nuestra Señora del Templo, en Villalba de los Alcores (Valladolid), sirve para almacén de quesos a una conocida firma. Y la de Santa María de la Horta (Zamora), donde estuvo el archivo de la Orden antes de pasar a la de San Juan, es hoy una fábrica de alcohol vínico, cuya surrealista imagen nos muestra una perfecta iglesia románica de la que sobresale una gran chimenea, que de noche y día contamina el aire castellano con sus humos, como si en el interior se estuviesen quemando siglos de historia templaria.

Finalmente, otra industria no menos contaminante, la del “Ocio”, ocupa numerosos edificios templarios. Hacia 1783, el Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra (Badajoz) reconvirtió el magnífico castillo del Temple en ¡plaza de toros!, todavía en uso para gloria de los diestros, regocijo del respetable, e indignación de templarios a los que ningún espada brindó jamás un toro, aunque dicen que sus fantasmas rondan por el tendido del siete...