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  • Rafael Alarcón Herrera

"El iniciático Juego de la Oca". Extracto de «A la sombra de los Templarios».

En la casilla inicial del tablero de Patricia R. Muñoz, es una jovencita con cayado rematado en Tau quien, junto a la capilla templaria octogonal de Eunate, pastorea sus ocas animándolas a caminar por el espiritual sendero. Fragmento del grabado "El Juego de la Oca o la Espiral de los Maestros Constructores". Patricia R. Muñoz. Pata de Oca. Todos los derechos reservados.

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La Oca y los signos con que ésta se representaba, tales como su “mano” palmípeda símbolo de la capacidad operativa del espíritu sobre la materia, estaban profundamente relacionados con los Compañeros Constructores que los habían tomado por distintivo de reconocimiento, al extremo de nombrarse entre ellos como los “Jars”, los ansares, los ocas… El símbolo esquemático de la pata de oca, una horquilla de tres brazos, será profusamente representado por los Constructores, bien como marca de reconocimiento, bien como firma, desde los petroglifos neolíticos atlánticos hasta los sillares de los templos medievales, pasando por los sarcófagos, laudas y estela sepulcrales de sus cementerios iniciáticos[1]. Sin olvidarnos de los crismones románicos.



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Cuando la marea creciente del cristianismo amenazó con sepultar las tradiciones ancestrales, la Pata de Oca, escapando a la persecución inherente a todo signo gentil, se dobló sobre sí misma convirtiéndose así en el crismón, símbolo multiforme de amplio significado y profundas interacciones sincréticas[2], parte de las cuales se encuentran indicadas, en forma clara por demás, en el crucifijo templario de Puente la Reina (Navarra) sobre el que hemos de volver más adelante. Tenemos que allí, en vez de cruz, hay una Pata de Oca y clavado en ella un Cristo, lo cual equivale a superponer el antiguo y el nuevo signo. Y a indicarnos, por otra parte, que ambos son una sola y misma cosa: la marca distintiva de los constructores medievales. Esa marca o sello de aprobación, que se colocaba sobre los edificios certificando que estaban levantados según las leyes de la Tradición primordial[3].


Cristo sobre la cruz “Pata de Oca”, inspirada en el signo rúnico de la vida, s.XIII-XIV. Un inquietante crucifijo templario, pleno de simbolismo trascendente.

(Capilla templaria del Crucifijo, en Puente la Reina, Navarra). Ilustracióncde Patricia R. Muñoz incluida en "A la sombra de los Templarios.

Los enigmas del Camino de Santiago". © Rafael Alarcón Herrera. Todos los derechos reservados.


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Cuando los constructores se cristianizaron, para sobrevivir, transformaron de una manera muy curiosa su apodo de oficio. De “Jars” se pasó a “Jacques”. Y el camino iniciático que acostumbraban a recorrer, denominado Camino de las Ocas Salvajes o de los Cisnes, o lo que es igual, de los “Jars” libres, pasó a llamarse Camino de Sant Jacques, es decir, Camino de Santiago.

El Camino de las Ocas se convierte en Camino de Santiago, los Jars se transforman en Jacques e incluso “juanes”, y el Maestro Jakin, que según la antigua tradición les había enseñado el oficio de tallar la piedra y construir, pasa a identificarse con el santo patrono Jacobo, Jacques, Santiago… La tradición antigua se conservará intercalada en los elementos del nuevo mito, en detalles tan curiosos como el nombre de algunas calles sitas en pueblecitos del camino peregrino, denominadas con apelativos tan significativos como “Calle de los Cisnes Viajeros”, o “Calle de las Ocas Salvajes”, e incluso una “Calle de los Cisnes de Santiago”.

Ahora bien, de todo lo antedicho debe quedar constancia en el Camino Jacobeo, aparte de las citadas calles medievales, porque sería muy extraño que en el antiguo Camino de las Ocas Salvajes no quedase al menos una oca, por muy domesticada que estuviese. Y si buscamos bien por la ruta, descubriremos que no hay una ni dos, sino toda una bandada revoloteando de etapa en etapa, nadando en los ríos, sobrevolando los montes y anidando en los pueblos. Aves custodiadas en el medievo por su milagrosa patrona, santa Néomaye, la pastora con un pie de oca, y por la erudita Reina de Saba, con otro pie semejante…[4]


NOTAS:

[1] Así aparecen en las necrópolis de Iria Flavia, Noya, y la mismísima Compostela, entre otras. [2] El crismón es, aparentemente, el anagrama del Cristo, formado por un círculo en el que se inscriben las letras griegas X e I superpuestas, añadiendo, según modelos, el Alfa-Omega, una S y una P, amén de otros signos menos cristianos. [3] Rafael Alarcón Herrera, “El enigma de los signos lapidarios”, en rev. Año Cero nº 28, noviembre 1992, pp.64 a 69. Alkaest, Art Goth (manuscrito), en el capítulo “Jaca la Puerta del Viajero: I. Las Wouivres y el Crismón”. [4] Rafael Alarcón Herrera, La erótica sagrada del románico, opus cit, pp.90 a 113, donde tratamos en profundidad el tema de las damas con pata de oca, desde la diosa Sequana y Néomaye a la Reina de Saba.


Extracto de "A la sombra de los Templarios. Los enigmas del Camino de Santiago". Capítulo II. Apartado I. @ 2021 Rafael Alarcón Herrera. Todos los derechos reservados.



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