AVISO IMPORTANTE.
Debido a dificultades técnicas, la opción de compra directa se encuentra deshabilitada. Si tiene interés en adquirir alguno de los libros escriba a totum@totumrevolutum.org y le responderemos con los detalles para realizar el pedido.
Gracias y por favor, disculpe las molestias.

blogumrevolutum.png
  • Rafael Alarcón Herrera

El enigma de la cruz del Temple


Lignum Crucis templario de la Vera Cruz (Segovia),

hoy en Zamarramala (Segovia). Utilizada en las ceremonias de admisión a la Orden.

Click en la imagen para ampliar

***

El pasado misterioso que rodea la Orden del Temple se cierne sobre todos y cada uno de los manifestados por tan singulares caballeros. Así, desde el hecho mismo de su creación hasta el de su desgraciada desaparición, pasando por sus iglesias poligonales o el asentamiento en determinados enclaves geográficos, no hay detalle, por pequeño que sea, que no se encuentre envuelto en unas brumas confusas y turbadoras impidiéndonos una comprensión clara de su forma y significado reales.

Entre tales elementos oscuros se encuentra la insignia distintiva de la Orden: la Cruz del Temple. Parece que por su condición de signo distintivo, precisamente, no debiera existir controversia respecto al mismo; sin embargo, y ya desde muy antiguo, se arrastra una disputa entre los tratadistas del Temple, cuyos testimonios contradictorios, lejos de aportar alguna claridad, nos sumergen una y otra vez en la más negra oscuridad. Resultando de todo ello que, cuando queremos tomar algún camino, nos encontramos desorientados cuando no claramente perdidos.


Hazte mecenas, a la manera antigua, igual que se levantaron catedrales y castillos, da tu aportación y forma parte de esto. Sumamos todos. Pincha en el enlace para más información.

𝗵𝘁𝘁𝗽𝘀://𝘃𝗸𝗺.𝗶𝘀/𝘀𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮𝘁𝗲𝗺𝗽𝗹𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀


Autores tan antiguos y de tanto prestigio como el Padre Mariana, Argote de Molina, Doménech, Acuña y el mismo Campomanes, no logran prestar unanimidad a sus conclusiones, acusando siempre de ignorancia a los que les precedieron por tan abrupto sendero y pretendiendo ser ellos los únicos que llevan razón, sin argüir en su favor más que débiles pruebas, tan inconsistentes como las de aquellos a quienes pretenden combatir. Casi lo propio ocurre con los autores modernos, tales como Gómez Moreno, Probst-Biraben, J.M. Luengo, etc., quienes con mas conocimiento de causa y nuevos datos obtenidos en sucesivos descubrimientos de diplomática, sigilografía y arqueología, siguen navegando en un mar de dudas sin conseguir arribar a puerto seguro.

Cabría preguntarse, desde luego, si no estaremos haciendo un mundo de una nimiedad. ¿Tanta importancia tiene el saber si los templarios usaron una u otra cruz? La respuesta es un sí categórico. Y ello por una razón fundamental, conocer la cruz oficial de la Orden nos ayudaría a identificar muchos edificios cuya atribución al Temple es dudosa o documentalmente indemostrable, especialmente si existen otras Ordenes que pretenden adjudicarse tal paternidad fraudulentamente. Por desgracia, en esto como en tantas cosas a ellos concernientes, los caballeros templarios nos hacen un guiño de complicidad y se burlan una vez más de nuestros esfuerzos inquisitivos.

La presencia de la Cruz en la Orden del Temple es tan constante y contradictoria que resulta realmente irritante. Veamos.

Sus encomiendas están profusamente presididas por curiosos Cristos crucificados sobre troncos de árbol, apenas desbastados como queriendo hacer alarde de una naturaleza vegetal viva que es capaz de retoñar, los cuales adoptan en ocasiones las formas inquietantes de remotos signos paganos, como en el caso del crucifijo de Puente la Reina (Navarra) cuya cruz semeja tanto una pata de oca como el signo rúnico de la vida. En otros casos, sus iglesias están bajo la advocación de la Vera Cruz, o la Santa Cruz, guardándose en ellas unos no menos inquietantes relicarios con forma de cruz patriarcal, que contienen fragmentos de Lignum Crucis. Con dichos relicarios se realizaban unos peculiares ritos de aire pagano, algunos de los cuales subsisten todavía hoy, que resultaban especialmente mistéricos debido a la geometría especial de los edificios poligonales en que algunos de ellos eran custodiados y conservados.

Sin embargo, ni Jesucristo ni la Vera Cruz eran los patronos de la Orden del Temple, antes bien, tal patronazgo recaía en Nuestra Señora la Virgen María. En cuyo honor y para cuyo servicio, según palabras del propio San Bernardo, había sido creada la Orden, conservándose hasta el presente diversas imágenes de Nuestra Señora del Temple, de las que presidieron sus encomiendas, o la advocación de ésta virgen en aquellas iglesias templarias donde la imagen ha desaparecido.


***



Capilla de los caballeros en San Julián de Astureses (Boborás, Orense), s.XII.

Tímpano en portada norte. Click en la foto para ampliar.

***


Es mas, a pesar del fervor "crístico" que los citados Crucificados y Lignum Crucis pueden hacernos suponer en los caballeros templarios, resulta que una de las principales acusaciones vertidas contra la Orden en el proceso de extinción era la de que no se rendía a la cruz, ni al crucificado, el culto debido según la ortodoxia católica al uso, e incluso que los templarios proporcionaban injurias sin cuento al Crucifijo en sus ceremonias de admisión a la Orden, obligando al neófito a renegar del Cristo crucificado.

Nada encaja, todo se contradice, y para finalizar esta ceremonia de la confusión la cruz, a pesar de todo lo anteriormente dicho, se convierte en insignia de la Orden de forma oficial veintiocho años después de la creación de la misma, en 1146, cuando el papa Eugenio III, a instancias de San Bernardo, aprobó que los templarios llevasen una cruz roja en sus capas sobre el hombro izquierdo y también en sus estandartes. Lamentablemente el papa se olvidó especificar la forma de aquella cruz, limitándose a señalar que fuese de color rojo. Por otra parte, esta autorización papal no presupone una anterior ausencia de cruces en sus capas y estandartes, ya hemos visto en repetidas ocasiones como el Temple actuaba sobre hechos consumados. Primero crean la Orden, en fecha indeterminada pero que se supone alrededor de 1118, y luego piden al papa su legitimación en 1128, diez años después, igual pudo suceder en el caso de las insignias y distintivos, creados desde un principio pero legitimados más tarde. Lo curioso es que en el Concilio de Troyes, donde se les dio la Regla oficial, no se acordase algo tan primario como era el modelo de insignias que los diferenciasen de otras milicias de Tierra Santa. El caso es que comenzaron a producirse confusiones y plagios, que hubieron de ser resueltos por las más altas jerarquías.

Así, en 1198, se crea la Orden Teutónica a imagen del Temple por parte de algunos cruzados alemanes, llegando al punto de que los teutónicos se empeñaron en llevar capas blancas como los templarios, éstos últimos acudieron al Patriarca de Jerusalén y al papa, los cuales dictaminaron salomonicamente, en 1210, que ambas órdenes podían usar la capa blanca, siendo negra la cruz teutónica y roja la templaria, pero sin mencionar la forma que habían de guardar ambas cruces pues esto no era objeto de litigio. Notemos, pues, que las dos referencias papales que conocemos hasta ahora sobre la cruz del Temple aluden a su color y no a su forma.

Oferta solo para mecenas del crowdfunding. Hasta el 22/12/2021 a las 12:00 GMT +1 Envío península ibérica incluído. Más info:

𝗵𝘁𝘁𝗽𝘀://𝘃𝗸𝗺.𝗶𝘀/𝘀𝗼𝗺𝗯𝗿𝗮𝘁𝗲𝗺𝗽𝗹𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀


***


El Padre Mariana, Acuña y el Marqués de Avilés, afirman que "en un principio no usaron cruz y que la primera que llevaron fue una patriarcal de grana, es decir, con dos travesaños, cosida en la capa sobre el hombro izquierdo". Por su parte, el anónimo autor del "Resumen Histórico de la fundación de la Orden del Temple", asegura que "los caballeros del Templo tenían por divisa una cruz roja con dos traviesas como la de Caravaca, y manto blanco.

De otro lado, Campomanes se muestra tajante "les dio el Patriarca Esteban de mandato del papa Honorio II, hábitos blancos sin Cruz hasta que posteriormente, en tiempo del papa Eugenio III, pusieron Cruces rojas en sus mantos, y estandartes. Pero diciendo Vitriaco que era sencilla, queda esta duda fuera de la clase de tal". Este Vitriaco, cuya autoridad demanda Campomanes como definitiva, no es otro que Jacques de Vitry, Obispo de Acre (1214) que llegó a Patriarca de Jerusalén (1239), el cual en su "Historia Orientalis" dice del Temple: "El cual Templo tiene buenos caballeros, que traen capas blancas, con una cruz roja sencilla: una bandera o estandarte de dos colores, que llaman Baucant, va delante de ellos en las batallas". Pero el testimonio de este "testigo de vista, y fidedigno" como lo llama Campomanes, que debería ser definitivo para el esclarecimiento de la cuestión, es desmentido por los propios templarios, quienes nos han dejado una variopinta muestra de cruces utilizadas por ellos como insignias distintivas, todas al mismo tiempo.

Podemos suponer que esto crearía una confusión considerable entre los cruzados, sobre todo cuando aparecían juntos caballeros de las distintas Ordenes en el campo de batalla de Tierra Santa. Sin embargo no era así, y ello por una razón bien sencilla: el color de sus túnicas y capas unido al de sus cruces. Recordemos cómo, cuando se suscitó el pleito de 1210 entre Templarios y Teutónicos, el papa ordenó a los alemanes "de ninguna manera traigáis las capas blancas, que como va referido, fueron concedidas a los Templarios por distintivo de su Religión". Sin embargo los Teutónicos, por considerarse a sí mismos como una especie de rama de los Templarios, persistieron en usar capas blancas hasta que el Patriarca de Jerusalén dirimió la cuestión, con el beneplácito papal, autorizando los vestidos blancos en ambas Ordenes a condición de que los templarios continuasen llevando su cruz en rojo y los teutónicos lleven la suya en negro. Salvo esta excepción, ninguna otra Orden Militar usó vestiduras blancas -al menos mientras existió el Temple-, tal como establecían los Estatutos o Regla del Temple en sus artículos XX a XXIX: "A ninguno es concedido traer vestidos blancos, o capas cándidas, si no es a los dichos Soldados de Cristo". Por ello, y debido a la escasa o nula extensión que los caballeros teutónicos tuvieron fuera de Palestina o Alemania, no era fácil confundir a un templario aunque varios de ellos llevasen cruces distintas o iguales a las de otras Ordenes, el blanco y el rojo aseguran su identidad. A este respecto debemos recordar que durante el medievo, tanto en Palestina como en Europa, se estableció un código para distinguir a las diferentes Ordenes por el color de sus cruces y no por la forma de éstas, que podía ser común a varias de las milicias y variar dentro de una misma Orden según las jerarquías. Dicho código era: blanco para los sanjuanistas, rojo para los templarios, verde para los lazaristas y negro para los teutónicos. Sólo cuando aumentó el número de Ordenes comenzaron a diferenciarse claramente las cruces de cada una por su forma peculiar.


***

Lignum Crucis templario de su encomienda de Aberin (Navarra). Milagrosa reliquia, hoy custodiada en San Miguel de Estella (Navarra). Click en la foto para ampliar.


***


A pesar de que existan unos diez modelos distintos de cruces templarias, aproximadamente, repartidos a lo largo de sus cerca de doscientos años de existencia como Orden, podemos reducir el muestrario a cuatro modelos básicos, considerando las demás como variantes más o menos circunstanciales. Las cruces básicas serían: la griega, la paté, la tau y la patriarcal. Entre éstas, la cruz griega y la cruz paté serían las de uso más corriente, figurando en numerosos sellos de la Orden, pinturas de iglesias, tumbas de caballeros, estelas discoidales, etc., teniendo la cruz tau y la cruz patriarcal un uso más restringido, figurando solamente en determinadas iglesias, tumbas muy particulares, casas o castillos, y en escasos documentos.

No es fácil determinar a que podía responder esta diversidad de cruces dentro de la misma Orden, sin embargo y atendiendo al simbolismo tradicional podría deducirse que diferenciaban en varias categorías a los miembros del Temple, no solo en un sentido jerárquico literal, sino tal vez también de forma cualitativa, esotéricamente hablando, o de distribución geográfica, siguiendo un esquema hoy perdido. Así, la cruz griega parece predominar en la Provincia Templaria de Castilla y en Portugal, son bien conocidos los ejemplos del sarcófago del Infante Don Felipe, en Villasirga (Palencia) y la piedra armera del Castillo de Fregenal (Badajoz). En Portugal, dicha cruz griega se inscribió en la cruz paté que tomó por insignia la Orden del Temple cuando en aquel país, tras la supresión de 1312, cambió su nombre por el de Orden de Cristo. Lo enigmático, es que resulta frecuente encontrar escudos templarios donde la cruz griega esté asociada con símbolos mágicos de viejos cultos ígneos: el creciente lunar, estrellas, soles, poliskeles, rosetas helicoidales o radiantes, etc.; siguiendo siempre un esquema compositivo similar: cruz arriba y creciente lunar debajo, con las estrellas, rosetas y poliskeles, entre los brazos de la

cruz o bajo la luna. Las más significativas muestras son la citada piedra armera de Fregenal; otra piedra similar de la iglesia templaria de San Miguel, en Toledo; un sello del Temple inglés, fechado en 1303; y otro sello de la encomienda templaria de Huesca, donde la cruz aparece en el borde superior del sello, en un plano secundario, mientras que sobre el creciente lunar aparece una gran estrella de ocho puntas. Lo inquietantemente peculiar, es que dicho conjunto de símbolos: luna-estrella-poliskeles, se encuentra profusamente extendido por la geografía extremeña y toledana, en forma de amuletos populares protectores contra el "alunado" y otros males "de Luna", asociado frecuentemente a cruces templarias, precisamente en dos regiones de fuerte implantación del Temple con enclaves de gran importancia esotérica, tales como Sotofermoso, Fregenal, Melque o Talavera.

La cruz paté, por su parte, parece que predominó en la Corona Aragonesa y su zona de influencia, aunque el reparto de este modelo es generalmente mas "universal" y en esta hipotética distribución no reseñamos nada que pueda ser definitivo, a causa de los muchos emblemas templarios perdidos al desaparecer oficialmente la Orden. En cuanto a la cruz tau, la cruz de los elegidos del Señor en el Día del Juicio según el Apocalipsis bíblico, pero también la cruz de la vida o cruz Ank para los egipcios que la consideraban una llave para pasar al mundo del mas allá, parece utilizada por los templarios para señalar determinados enclaves o posesiones de especial valor "mágico" o esotérico, cómo las leonesas posesiones del Castillo de Ponferrada y la Casa Templaria de Astorga. Precisamente, en Ponferrada existió una piedra, clave de arco, donde la Tau estaba inscrita en una gran estrella geométrica de ocho puntas y flanqueada por un poliskele en forma de roseta helicoidal, y una pequeña estrella óctuple. Desgraciadamente esta piedra ha desaparecido, aunque puede contemplarse en un cuadro de L. Fuentes conservado en el Museo Arqueológico Provincial de León. Por contra en el castillo ponferradino se conservan hasta cuatro grandes piedras talladas con enormes Tau que guardan las puertas del recinto, al tiempo que lo señalan como un monumento esotérico de primer orden (una quinta piedra con la tau fue trasladada al cementerio viejo de Ponferrada).

Finalmente, la cruz patriarcal o de doble tramo, aparte de ser la insignia distintiva del Gran Maestre y altos dignatarios de la Orden tal como figura en los sarcófagos templarios de La Rochelle (Francia), parece marcar también determinados edificios del Temple con un valor mistérico-iniciático, por ejemplo La Vera Cruz de Segovia o el Santo Sepulcro de Torres del Río (Navarra), e incluso Eunate y Aberin, ambos en Navarra, si consideramos contemporáneos -como parece ser- de su apogeo medieval dos graffiti que, en ambas iglesias, representan una cruz patriarcal superpuesta a un triple recinto circular, que como sabemos era un símbolo mágico de protección. Sin olvidar que dicha forma patriarcal se adoptó para los relicarios Lignum-Crucis, tan abundantes en las encomiendas templarias, que eran utilizados en las ceremonias de admisión a la Orden y en rituales propios, de oscuro significado, cuyo recuerdo subsiste deformado entre el pueblo que atribuye a dichas cruces poderes mágicos y milagrosos sobrenaturales, como la conseja que asegura que si una persona ha llorado estando en el vientre de su madre y además tiene marcada en el paladar una cruz de Caravaca, posee "gracia" y puede manifestarse como un gran curandero.

No podemos terminar sin antes hacer una breve referencia a la llamada "Cruz de las Ocho Beatitudes o Bienaventuranzas", variante de la cruz paté, conocida también como Cruz de Malta por el uso que continuaron haciendo de ella los Sanjuanistas o Caballeros de Malta tras la desaparición del Temple. Esta cruz, que en su centro encierra otra pequeña cruz paté con tres brazos rojos y el cuarto dorado, era utilizada por los caballeros templarios como clave criptográfica para descifrar el alfabeto secreto de la Orden, usado para cifrar cartas, letras de cambio y todo tipo de documentos, mediante unos signos geométricos contenidos en la citada cruz, que ha sido estudiada y descrita por numerosos autores. Quede como ejemplo del valor esotérico práctico que la cruz como símbolo múltiple, poseía para la Orden del Temple.