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  • Rafael Alarcón Herrera

De la colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar. Extracto de "La erótica sagrada...."

Actualizado: 7 abr




«Colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar. 1976


Tras pisar los caminos franceses, nuestra tercera peregrinación por el Camino de Santiago, ahora por la costa cantábrica, **nos llevó de nuevo ante la Colegiata de Santa Juliana**. Por fin íbamos a poder estudiarla más atentamente, no como en aquel apresurado descubrimiento que de ella hicimos tres años atrás. Superada aquella primera emoción, llegamos a desenmascarar **un templo realmente desconcertante,** porque además de una joya románica, este edificio, parece baluarte de lo que antaño se calificó como “la reserva espiritual de Occidente”. ¿Pero realmente lo es?»






« En la puerta de acceso al monumento, justo encima del puesto donde los “mercaderes del templo” comercian con la entrada al lugar sagrado, un cartel bien visible nos advierte **que está prohibido el acceso a quienes, hombres o mujeres, vistan “prendas sin mangas” y “generoso” escote**. Igual norma rige para quienes enfunden sus piernas en “pantalones cortos”. La más **“extremada decencia y decoro en el vestir” son esenciales** para ingresar al recinto, puesto que en él habita la presencia del Dios. Allí no pueden entrar turistas “indecentes e indecorosos”, que con sus mundanas liviandades distraigan a los verdaderos fieles, aquellos que acuden para estar cerca de la divinidad, reconfortarse con la oración y salir purificados de sus faltas.»


« Sin embargo, nada más cruzar el umbral de su puerta norte, previo pago del “peaje” establecido para acceder a la “casa del Dios”, comprobamos asombrados que **en el interior del templo reinan la lujuria y la obscenidad**. En sus capiteles aparecen **hombres y mujeres que muestran impúdicamente la desnudez** que el Dios les dio, mientras **enseñan o manipulan descaradamente sus órganos sexuales**. **Incluso en el sancta sanctorum del templo, junto al altar mayor, cierta pareja de piedra escenifica una amorosa escena erótica**: sentados, ella, abrazando desde atrás a su compañero, le acaricia el gigantesco falo pétreo. Y los sonrientes rostros de ambos, describen el regocijado gozo que ello les produce. »


«Todo lo visto, no hace más que dejar en evidencia la hipocresía del amenazador cartel de la entrada, al tiempo que nos aclara **la sacrosanta prohibición de hacer fotografías: alguien no quiere que nos llevemos pruebas de lo que allí existe**. Es más, todo en esta población parece dispuesto como un decorado preciosista, encargado de ocultarnos que lo verdaderamente interesante no son las cercanas cuevas de Altamira, las casonas ancestrales, la colegiata medieval, los sobaos pasiegos o el orujo lebaniego, sino aquellas pequeñas figuritas románicas orgullosas de jugar con sus sensuales cuerpos. Y la conspiración funciona. La prueba es que, aunque descubrimos el lugar en 1973, y lo exploramos seriamente a partir de 1976, no fue hasta 1998, tras veinticinco años, numerosas visitas y estudios de archivo, cuando descubrimos toda la extensión de su “pornográfico” secreto.»


"La erótica sagrada del románico". © 2021 Rafael Alarcón Herrera.

Ilustraciones de Patricia R. Muñoz.

© 2022 Totum Revolutum Books.




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