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  • Rafael Alarcón Herrera

¡Al druida lo pintan “calvo”!



Sobre la arquitectura románica peregrinan unos singulares personajes, que causan nuestra extrañeza por el peculiar corte de pelo que lucen. Porque se trata de corte de pelo, intencionado, y no de calvicie.

¿Estamos ante una moda, impuesta por los estilistas románicos? ¿Es un símbolo de rebeldía, adoptado por los inconformistas del primer medievo? ¿Se trata de una señal de reconocimiento, para los componentes de algún grupo heterodoxo?

Los compañeros escultores, por norma, representaban escenas simbólicas referidas a los mensajes religiosos que cada patrón les encomendaba fijar sobre la piedra. Pero, salvo en el caso de los monstruos y animales mitológicos, sus personajes reflejan exactamente los tipos corrientes de la época. Vestidos, utensilios, rostros, armas, adornos y peinados están sacados de la vida diaria. Se puede hacer un perfecto catálogo, de la moda del momento, con las imágenes de los templos románicos: capiteles, arquivoltas, canes, tímpanos, despliegan la rica variedad de vestimentas, joyas y peinados de la sociedad, en todos sus estratos. Entonces ¿a qué responde el extraño corte de pelo, antes aludido? No son calvos, pues aquellos afectados de alopecia están representados tal cual. Y tampoco parece ser una moda, pues los ejemplares conservados son escasos, comparados con la rica variedad de modelos capilares más comunes. ¿Y qué otros peinados existen que sean poco usuales, que correspondan a un grupo específico de individuos? Que nosotros sepamos, tan sólo la tonsura, esa corona circular de cabello sobre el cráneo afeitado de los monjes, para indicar su entrega al hábito y al dios que sirven. Y aquí está “la madre del cordero”, porque esa tonsura, conocida como “de San Pedro”, surgida hacia el s.IV, es propia del clero que en la nueva religión sigue el rito romano.

Sin embargo, durante el medievo, existieron diversos ritos: bracarense, visigodo, celto-irlandés, sirio, armenio, copto, etíope, etc. Algunos subsisten hasta hoy –quedan unos veinte ritos litúrgicos-, otros, como el visigodo o el celta, fueron suprimidos pronto. Y precisamente entre los monjes célticos, una peculiaridad de su rito era la tonsura llamada “de San Juan”, Maghi o Mag, rasurando la parte central y delantera del cráneo, pero dejando un mechón posterior y los laterales.

Cuando el Sínodo de Whitby, en el 664, unificó con el romano el rito irlandés –es decir que lo borró del mapa-, una de las características que se prohibió expresamente fue la tonsura celto-irlandesa, implantada por San Patricio, pero de herencia druídica. Cuya condena habían recogido ya los Concilios de Toledo y Braga, en el s.VII, demostrando que tal práctica era común en los reinos hispano-romanos, evangelizados en parte por monjes celtas.

Y visto lo visto, en diversas esculturas románicas, parece que las costumbres rituales del monacato céltico continuaron mucho después de su prohibición, hasta bien entrado el siglo XII, según demuestran las tonsuradas esculturas de los templos. ¿Cómo es posible? ¿Se trata de monjes rebeldes a la obediencia romana? ¿Grupos de creyentes heterodoxos? ¿La fuerza de la costumbre? No olvidemos, que las creencias y sus prácticas son más fáciles de condenar que de erradicar... No olvidemos, que el mundo románico es un laberinto del que desconocemos muchos recovecos... [Dedicado a mis "bruj@s" de Barahona].


Salud y fraternidad.


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