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  • Rafael Alarcón Herrera

Aberin, un tesoro del Temple en Navarra...



La distribución administrativa, de las posesiones del Temple, no coincidía necesariamente con las fronteras de los reinos en que se encontraban. En el de Navarra, sus bienes estuvieron siempre bajo el gobierno del Maestre Provincial de Provenza y de la Corona de Aragón, primero, y del Maestre de Cataluña, Aragón y Valencia, más tarde. Es decir, que los templarios navarros permanecieron unidos a sus hermanos de la Corona de Aragón, bajo la autoridad de un mismo Maestre Provincial. Aunque, para mejor gobernar el territorio, Navarra se puso bajo el mando de un Lugarteniente del Maestre, que residía en la casa de Puente la Reina. Uno de los más conocidos, es frey Pedro Tizón, en 1161, que fue abuelo del Consejero del rey navarro y cronista de Las Navas de Tolosa, el arzobispo don Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247). La primera y más importante donación correspondió al rey García Ramírez (1134-1150), a la que siguieron muchas más, que permitieron a la Orden reunir un importante patrimonio, especialmente en la Ribera del Ebro, entre Tudela y Ribaforada, compuesto por numerosas villas, siervos, templos, dominios rurales y un castillo, el de Novillas, obtenido en 1135, que fue la primera sede de una encomienda en Navarra -esta villa, era entonces de dicho reino-. La mayor expansión ocurrió durante el maestrazgo provincial de Pedro de la Rovera (1141-1158), y sus posesiones se articularon en torno a tres centros principales: Funes y Novilla, al sur, y Puente la Reina, al norte. No obstante, las sedes encomendatarias fueron variando con el tiempo, en función de su importancia económica y estratégica. Así, en 1186, un documento cita las encomiendas meridionales de Novillas, Ribaforda y Cintruénigo, en la Ribera Baja, donde se concentraban las mayores posesiones agrícolas, y la septentrional de Puente la Reina. A partir del s.XIII, solo tenemos constancia de tres encomiendas: Novillas y Ribaforada, al sur, y Aberin, al norte. Documentos de la primera mitad del s.XII, citan diversas posesiones del Temple en Aberin, es decir, que ya estaban solidamente asentados en la villa cuando, en octubre de 1177, el rey Sancho VI "el Sabio" les concede "la villa y siervos de Aberin". Al poco, el Temple dio fuero a sus habitantes, y lo mejoró por documento del 7 de mayo de 1234. Aberin, pudo adquirir rango de Encomienda alrededor de 1184, año en que algunos de sus caballeros están presentes en el Capítulo General de Aragón. Tal categoría, le habría sido cedida por el enclave de Puente la Reina, que, al ser residencia del Lugarteniente, actuaría como centro de la administración general sobre sus posesiones navarras, y sede diplomática para las relaciones de la Orden con el reino. Además, el enclave puentesino, se configuraba como centro espiritual templario, en el Camino Jacobeo, pues a las puertas de su santuario de Nuestra Señora de los Huertos se unían los dos ramales de la ruta peregrina. Y no olvidemos la capilla octogonal de Eunate, con su "cofradía"... Ni el Cristo de la Pata de Oca... Así pues, el valor de Aberin no radica en lo espiritual, o "esotérico", sino en lo económico. Cosa, por otra parte, que también tiene su interés en el plano histórico, porque el Temple, como toda organización humana, no vivía sólo de elucubraciones filosóficas o religiosas. Tenía un ejército que mantener, y no uno ocioso sino en campaña, tanto en Palestina como en los reinos ibéricos. Para cuyo buen funcionamiento, dependía de la correcta administración de sus bienes materiales. Esos bienes, campos de cultivo, rebaños, granjas, casas, regadíos, bosques, pastos, hornos, molinos, etc, se controlaban desde la Encomienda, unidad administrativa que centralizaba las posesiones de una comarca, a la que rendían cuentas y por cuyas normas se regían. Esta de Aberin, es una de esas "encomiendas de retaguardia", que ejercieron su labor, callada y eficazmente, aportando su granito de arena al patromino común de la Orden. Las explotaciones agrícolas, ganaderas, madereras, e incluso inmobiliarias, y la recogida de donativos en los santuarios, proporcionaban unas ganancias económicas nada despreciables, tanto en efectivo como en especie. De modo que, en muchos aspectos, los templarios eran autosuficientes. Trigo, carne, madera, lana, vino, cera, caballos, hierro, y cuanto pudiera necesitar el Temple, era proporcionado por estas encomiendas rurales que, sabiamente administradas, constituían el verdadero "tesoro" de la Orden. Conocemos los nombres de trece Comendadores de Aberin, el primero citado es frey Aimerich de Estuga, en 1225, y el último frey Tomás, en 1304. Algunos, tuvieron dos mandatos no consecutivos, como frey Guillém de Alcalá en 1258 y 1266. Quien más duró en el cargo, fue frey Arnal Garín, que asistió al Capítulo General de Monzón, en 1234, y todavía estaba al mando en 1249, cuando el papa Inocencio IV cita la "Encomienda de Aberin" en una bula del 11 de septiembre. Parece que aquí, los templarios, sustituyeron a una de las muchas "cofradías militares" repartidas por el reino. Los "Cofrades de Aberin", que vivían agrupados en un Monasterio, habían recibido diversos privilegios del abad de Irache, Arnaldo, en 1105. Al tomar posesión del lugar, el Temple, como hizo en Eunate, asimiló a dichos cofrades. Estos se hicieron cargo de las actividades religiosas, como el culto de "Lignum Crucis", y de las labores asistenciales del albergue-hospital, muy seguramente atendido por "sorores", o "freiras", mujeres cofrades. El conjunto arquitectónico, se alza sobre una loma, por cuya ladera sur se encarama el caserío, a su alrededor los cultivos se distribuyen en terrazas que bajan al valle. Los edificios de la Encomienda, de dos plantas, estaban integrados en un recinto cuadrangular, amurallado, con torreones esquineros, en cuyo ángulo sureste se alza el templo, de fines del s.XII, dotado de una gran torre rectangular fortificada. Dentro del conjunto, alrededor de un patio con pozo central, se agrupan los diversos edificios estructurados en crujías, como la residencia del Comendador, el dormitorio de los caballeros, las cocinas, el refectorio, la enfermería, y diversas estancias acordes con la función agrícola: granero, bodega, almacen de aperos, cuadras, etc. Varios pasadizos, subterráneos, parten del conjunto y van a parar a ciertas viviendas sitas al sur de la loma... Bajo las terrazas del lado occidental, permanece oculto un aljibe similar al de Artaiz. También existe una estructura octogonal, camuflada entre las casas, que pudo ser un palomar. Entre 1307 y 1312, la Orden del Temple es disuelta y sus posesiones redistribuidas. El 27 de julio de 1313, el portero real, Miguel de Salinas, toma posesión de la Encomienda de Aberin, en nombre del Prior sanjuanista Pedro de Chalderach, por orden del Lugarteniente del Gobernador, Hugo de Visac, y pasa a depender de su Encomienda de Bargota. El conjunto fortificado, templo-granja, sufrió diversas reformas para adaptarlo a las necesidades de sus nuevos propietarios, aunque su estructura básica permaneció inalterada. Los peores deterioros, ocurrieron con la desamortización y las guerras civiles del s.XIX, y con la posterior ocupación por particulares. A pesar de todo, es el mejor ejemplo de Encomienda rural templaria, estructuralmente hablando, conservado en la Península Ibérica, comparable a la encomienda catalana de Barbens (Lleida), y a las francesas de Le Mas Deu (Rosellón), o La Cavaleríe (Larzac). Lástima que, al cabo de los siglos, en lugar de ser un museo vivo de aquella época y gentes, sea tan sólo lo que siempre fue, una explotación rural, anónima y silenciosa.

Salud y fraternidad.


© 2011 Rafael Alarcón Herrera. Todos los derechos reservados.

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